Cuando los números hablan: Uribe versus Petro

Durante años nos vendieron una narrativa cómoda y repetida hasta el cansancio: Gustavo Petro no sabía nada de economía y Álvaro Uribe Vélez era poco menos que un genio tecnócrata.

Durante años nos vendieron una narrativa cómoda y repetida hasta el cansancio: Gustavo Petro no sabía nada de economía y Álvaro Uribe Vélez era poco menos que un genio tecnócrata.

Humberto de la Calle insiste, en todos los escenarios posibles, en negar de manera tajante la viabilidad de una Asamblea Constituyente. Sin embargo, ahora aparece con un matiz que pretende sonar reflexivo pero que, en el fondo, delata la misma lógica de siempre: conservar el statu quo mientras se simula apertura al debate.

Lo ocurrido alrededor de la senadora Angélica Lozano, del Partido Verde y pareja sentimental de la precandidata presidencial Claudia López, merece una reflexión crítica profunda desde el campo del progresismo y, sobre todo, desde la defensa de los derechos de la clase trabajadora.

A pocos días de cerrar el año y en pleno ambiente preelectoral, Erwin Jiménez, reapareció en Barrancabermeja con un discurso conocido hasta el cansancio: la “deuda histórica” que el Estado colombiano mantiene con el Magdalena Medio, pese a la riqueza que la región genera a través de las regalías petroleras.

Durante décadas nos han repetido la misma promesa: que eligiendo políticos de los partidos tradicionales se resolverán los problemas de seguridad del país.

El panorama electoral se ve invadido por figuras que, auto denominándose de «centro», pretenden dictar los criterios de voto bajo premisas cuestionables. Es imperativo desmantelar este discurso que no solo subestima la inteligencia ciudadana, sino que busca perpetuar las desigualdades históricas de Colombia.

Durante décadas, Colombia ha sido escenario de una misma película repetida hasta el cansancio: los mismos apellidos, las mismas familias y los mismos discursos vacíos.

Los expresidentes César Gaviria y Álvaro Uribe Vélez han anunciado una alianza política con el argumento de “salvar al país”. Sin embargo, analistas independientes coinciden en que esta vez la tarea de convencer al electorado será mucho más difícil.

En una acción que muchos consideran como una muestra de desesperación política, los expresidentes Álvaro Uribe Vélez y César Gaviria Trujillo, quienes durante más de dos décadas se presentaron como enemigos irreconciliables, hoy aparecen sentados en la misma mesa hablando de “alianzas para salvar a Colombia”.

Que un avión llegue con compatriotas esposados y rebajados a la condición de mercancía humana debería ser una señal de alarma nacional. Que el presidente lo devuelva para exigir trato digno —y logre que los deporten en condiciones humanas— es, en cambio, presentado por algunos como un “error” estratégico.