¿Cómo se fabrican ataques y se ocultan escándalos para manipular la opinión pública?

Aunque nunca había existido tanto acceso a la información, muchas personas terminan más desinformadas que antes.

Aunque nunca había existido tanto acceso a la información, muchas personas terminan más desinformadas que antes.

Estas palabras, pronunciadas originalmente en el fragor de las luchas independentistas, cobran una vigencia alarmante en el escenario político actual.

Las elecciones presidenciales de las últimas décadas en Colombia muestran una dinámica política que merece ser analizada con atención.

Resulta llamativo observar cómo los medios de comunicación tradicionales han construido la narrativa de que el llamado “centro político” es el único sector capaz de resolver las diferencias existentes en el país y, además, de inclinar la balanza electoral hacia un eventual ganador.

La paradoja de elegir a un fascista de verdad creyendo que es de mentira, por miedo a un comunismo de mentira que se cree que es de verdad, revela una dinámica política profundamente arraigada en el miedo, la desinformación y la manipulación emocional.

Las propuestas electorales de ambos candidatos, al final, terminan implicando beneficios para algunos sectores y costos para otros.

Este comentario bien podría ser catalogado como políticamente incorrecto en los momentos decisivos que atraviesa el país, especialmente cuando la candidatura de Iván Cepeda necesita sumar apoyos para imponerse en una eventual segunda vuelta presidencial.

Al progresismo en Colombia parece haberle ocurrido lo que en el boxeo se conoce como la pérdida de la “mentalidad de tiburón”: esa combinación de hambre de victoria, determinación, disciplina y convicción que impulsa a un luchador a darlo todo hasta el último segundo.

Aquí creemos que, si realmente queremos evitar y detener un posible triunfo del “tigre”, no podemos seguir insistiendo únicamente en sus faltas morales, éticas y en sus conductas que muchas veces rozan lo delincuencial.

La derecha y el centro derecha en Colombia han construido durante años una estrategia política basada en el miedo.