
Durante décadas nos han repetido la misma promesa: que eligiendo políticos de los partidos tradicionales se resolverán los problemas de seguridad del país.
Sin embargo, la realidad demuestra todo lo contrario.
No crean que votar por los mismos congresistas y pre candidatos presidenciales de siempre, esos que solo hablan de seguridad en época electoral, vaya a traer la paz y la tranquilidad que Colombia necesita.
Ya han fracasado antes, y de manera rotunda. Pretender que ahora sí serán la solución es desconocer la historia reciente y caer, una vez más, en una estrategia basada en el miedo y la manipulación.
La seguridad no puede entenderse únicamente como más fuerza militar o más discursos incendiarios.
Mientras no exista una verdadera acción conjunta entre la ciudadanía, la fuerza pública y el Estado, será imposible acabar con los grupos violentos.
Y esa alianza no se construye desde la desigualdad, la exclusión y la injusticia social. No se puede pedir confianza y colaboración ciudadana cuando amplios sectores de la población viven en la pobreza, sin oportunidades y sin garantías básicas.
Sin reformas sociales profundas que mejoren la calidad de vida de la gente y reduzcan la enorme desigualdad que existe en Colombia, cualquier discurso de seguridad está condenado al fracaso.
Son enemigos de la paz
Resulta especialmente cínico que quienes sabotearon el proceso de paz con las FARC —proceso que fue hecho trizas durante el gobierno de Iván Duque— hoy se presenten como los salvadores frente a nuevos grupos subversivos.
Son los mismos que convirtieron la paz en un botín político, los que prefirieron el rédito electoral al bienestar colectivo. Más aún, estos grupos violentos, que supuestamente combaten, terminan siendo funcionales a sus intereses: nada moviliza más votos que el miedo y la sensación de caos en épocas electorales.
Hay que abrir los ojos.
Basta observar cómo los congresistas y pre candidatos a la presidencia que hoy se rasgan las vestiduras vendiendo seguridad son los mismos que durante estos últimos años sembraron miedo de manera sistemática.
Es una estrategia vieja y conocida: exagerar la amenaza, crear un enemigo interno y presentarse como la única opción de orden. Mientras tanto, su verdadero objetivo es frenar a toda costa las reformas sociales que el país necesita con urgencia.
Son enemigos de la gente
Si miramos con atención, veremos que estos “defensores de la seguridad” son los mismos que se han opuesto a la reforma a la salud que busca eliminar la intermediación financiera de las corruptas EPS; los mismos que atacaron la reforma laboral que pretendía recuperar derechos perdidos durante el uribismo; los mismos que defienden las concesiones abusivas en los peajes y las altas tarifas de energía; los mismos que han facilitado que los bienes incautados a la mafia terminen en manos de sus socios, mientras se los niegan al pueblo.
Son, en esencia, los mismos enemigos de la gente, interesados únicamente en conservar sus privilegios y seguir viviendo de los tributos que pagan los ciudadanos.
Reconocerlos es sencillo
Atacan las reformas sociales mientras prometen “recuperar el país”. Después de décadas de fracasos, vuelven con el mismo cuento de que ahora sí derrotarán a los violentos.
Pero sin justicia social, sin equidad y sin un verdadero compromiso con la gente, no habrá seguridad posible, por más discursos grandilocuentes que intenten vendernos.



