Inicio Política La Farsa del «Centro»: Un llamamiento a castigarlos en las urnas 

La Farsa del «Centro»: Un llamamiento a castigarlos en las urnas 

Debemos rechazar abiertamente a estos politiqueros neoliberales que se disfrazan de centro. La única respuesta democrática y ética es castigarlos en las elecciones. No podemos permitir que estas élites, responsables de la miseria y la desigualdad histórica, vuelvan a gobernar Colombia.

El panorama electoral se ve invadido por figuras que, auto denominándose de «centro», pretenden dictar los criterios de voto bajo premisas cuestionables. Es imperativo desmantelar este discurso que no solo subestima la inteligencia ciudadana, sino que busca perpetuar las desigualdades históricas de Colombia.

La Experiencia

Uno de los pilares de este «centro» es la «buena experiencia gobernando«. Es un ejercicio de cinismo y desprecio a la memoria histórica. 

¿Cómo puede ser un mérito gobernar un territorio, como la Alcaldía Medellín o la Gobernación de Antioquia, que durante ese periodo era catalogado como uno de los más violentos del planeta? 

Usar la experiencia como carta de presentación en un país crónicamente mal gobernado como Colombia no es más que un intento de validar la ineficacia y, peor aún, de abusar del desconocimiento del elector.

El caso se agrava al recordar el papel protagónico de estos líderes: el caso de Bogotá durante el estallido social y el papel de la alcaldesa en la represión más brutal contra manifestantes en el 2022

Un saldo trágico de mutilaciones y muertes no puede ser maquillado como «experiencia» ni ser ignorado por el electorado. Pretender que estos actos son una credencial de gobernanza es un insulto a las víctimas y una burla descarada a la democracia.

La falsa neutralidad

La afirmación de «no pertenecer a los extremos políticos» es la táctica más cobarde de este sector. En un momento en que la ciudadanía lucha por recuperar los derechos y beneficios arrebatados por décadas de élites neoliberales, declararse «imparcial» es tomar partido por el statu quo.

Esta supuesta neutralidad se desvanece al observar el accionar de sus aliados en el Congreso, quienes, en unidad con las élites ultraconservadoras, han bloqueado sistemáticamente toda reforma social presentada por el gobierno progresista. 

La retórica del centro es, en realidad, un sofisticado mecanismo para proteger los intereses de sus patrocinadores y negar la restitución de derechos a la gente. La lucha no es entre «extremos», es entre quienes defienden al pueblo y quienes defienden a las élites.

La corrupción

Decir «no estar vinculado a escándalos de corrupción» en entornos donde la politiquería es el pan de cada día, es una falacia. Es inocultable que por ejemplo en Medellín escándalos de parapolítica han salpicado a secretarios de sus despachos, o que en Bogotá proyectos emblemáticos, como la construcción del metro elevado sin los estudios previos requeridos, se han gestado bajo su mandato.

El hecho de que la prensa tradicional ejerza una benevolencia selectiva sobre estas investigaciones no absuelve a estos políticos de su responsabilidad política

La ausencia de una condena penal no equivale a inocencia moral o política. Ignorar estos hechos es un acto de complicidad con un sistema que se beneficia de la impunidad.

Las propuestas

El último criterio, «tener propuestas rigurosas y constitucionalmente viables«, es el más cínico. Las propuestas que buscan la continuación de las políticas que han cimentado uno de los sistemas más desiguales del planeta no son rigurosas, son abusivas.

Apoyar las intermediaciones financieras de las corruptas EPS.

Respaldar los fondos privados de pensiones que administran aportes obligatorios con comisiones exorbitantes y rendimientos mediocres, rara vez jubilando a un trabajador y pagando miserias cuando lo hacen.

Prometer la captura de rentas del Estado con nuevas concesiones de peajes y a través de concesiones en tarifas de energía.

Estas no son propuestas, son una agenda neoliberal dañina que solo beneficia a los patrocinadores de estos candidatos. Su rigor se aplica únicamente en la consolidación de privilegios y la explotación de los recursos públicos y los contribuyentes.

Debemos rechazar abiertamente a estos politiqueros neoliberales que se disfrazan de centro. 

La única respuesta democrática y ética es castigarlos en las elecciones. No podemos permitir que estas élites, responsables de la miseria y la desigualdad histórica, vuelvan a gobernar Colombia. 

El voto debe ser un instrumento de castigo a la mentira y la defensa de los derechos ciudadanos.


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