La derrota de Erwin Jiménez sacude al grupo político de Alfonso Eljach

La reciente votación obtenida por Erwin Jiménez en Barrancabermeja dejó al descubierto una profunda crisis política dentro del grupo liderado por Alfonso Eljach.

La reciente votación obtenida por Erwin Jiménez en Barrancabermeja dejó al descubierto una profunda crisis política dentro del grupo liderado por Alfonso Eljach.

La política colombiana atraviesa un momento de definiciones profundas donde las caretas caen ante la urgencia de las transformaciones.

En Colombia hay que tener especial atención con esos candidatos que se autodenominan de centro y que insisten en combatir los supuestos “extremos”, hablando permanentemente de una polarización que —según ellos— estaría imponiéndose en el proceso electoral.

Mientras existan elecciones, existirá el riesgo del fraude. Esa es una realidad histórica que no distingue ideologías ni partidos. Por eso, en lugar de generar molestia o descalificar las advertencias, debería entenderse que extremar las prevenciones es una medida saludable para cualquier democracia.

Las declaraciones recientes de César Gaviria, quien afirmó que “estamos trabajando para que Colombia recupere su rumbo”, desataron una ola inmediata de reacciones en redes sociales.

En Barrancabermeja, la discusión pública vuelve a girar en torno a las obras inconclusas que, con el paso de los años, se han convertido en verdaderos elefantes blancos y en símbolo de frustración ciudadana.

La revisión llevada a cabo entre el 3 y el 6 de febrero evaluó los ejes financiero, administrativo, legal y de prestación de servicios en las vigencias 2024, 2025 y lo corrido de 2026.

En Colombia persiste una paradoja política que desconcierta a muchos analistas: en uno de los países más desiguales del planeta, donde décadas de políticas neoliberales han precarizado a los hogares mediante privatizaciones, tarifas elevadas y un modelo económico centrado en la renta, todavía existen sectores populares que respaldan a representantes políticos asociados con ese mismo modelo.

Durante años, el departamento de Santander y buena parte de Colombia han sido testigos de cómo la política se degradó hasta convertirse en un instrumento para el saqueo de los recursos públicos, en especial aquellos destinados a garantizar derechos fundamentales como la salud.