
Durante años nos vendieron una narrativa cómoda y repetida hasta el cansancio: Gustavo Petro no sabía nada de economía y Álvaro Uribe Vélez era poco menos que un genio tecnócrata.
Esa idea se instaló en la opinión pública a punta de titulares, editoriales y consensos artificiales construidos por los grandes medios y la clase política tradicional.
Pero cuando se deja a un lado la pasión partidista y se comparan los datos con cabeza fría, el relato empieza a desmoronarse.
Dato mata relato
Tomemos como referencia el año 2009, durante el mandato de Álvaro Uribe, y el año 2025, penúltimo del gobierno de Gustavo Petro. No se trata de escoger el mejor año de cada uno, sino de un punto comparable dentro del ciclo de gobierno. Las cifras, que tanto dicen defender los “econo uribistas”, hablan por sí solas.
En 2009, el desempleo en Colombia se ubicaba en 12,0 %. En 2025, bajo el gobierno de Petro, es del 7,0 %. Es decir, cinco puntos porcentuales menos de personas sin trabajo. La informalidad laboral también muestra una mejora: pasó de 58,0 % en 2009 a 55,0 % en 2025. No es la panacea, pero sí un avance concreto en un problema estructural que Uribe nunca resolvió.
El crecimiento económico es otro dato clave.
En 2009, Colombia creció apenas un 0,9 %, en medio de una crisis profunda que se quiso maquillar con discursos triunfalistas. En 2025, el crecimiento es del 3,6 %, cuadruplicando el ritmo de aquel año.
Y si hablamos del salario mínimo, la diferencia es aún más elocuente: mientras en 2009 el aumento fue del 7,67 %, en 2025 el incremento alcanza el 23,0 %, una decisión que impacta directamente en el ingreso real de millones de trabajadores.
Una crisis económica severa
Lo que nunca nos contaron los medios ni la clase política que apoyó casi de forma unánime a Uribe es que durante su gobierno, y particularmente en esos años finales, el país atravesaba una crisis económica severa.
Sin embargo, se construyó la ilusión de que “todo estaba bien” porque supuestamente se podía volver a la finca, aunque el 98 % de los colombianos no tuviera finca alguna. La percepción se impuso sobre la realidad.
A esto se suma un contexto político que no puede ignorarse.
Uribe logró reelegirse tras cambiar la Constitución, en medio de escándalos de sobornos al Congreso y con numerosos aliados posteriormente condenados por corrupción y cohecho. Incluso intentó perpetuarse en el poder, como cualquier caudillo, pero fue frenado por la Corte Constitucional.
Aun así, sus seguidores lo llaman demócrata. Petro, que no ha violado la ley ni modificado la Constitución para quedarse, es tildado de dictador sin rubor alguno.
Violación de derechos humanos
Y ni hablar de la violación sistemática de los derechos humanos y de los inocentes que murieron durante esa época; ese es otro capítulo doloroso que muchos prefieren olvidar.
Por fortuna, hoy la verdad ya no está monopolizada por los grandes medios.
Entonces la pregunta es inevitable: ¿cómo van a refutar estos números los nuevos econo uribistas graduados en la escuela de Facebook?
Porque contra los datos no basta el odio, el meme ni la consigna. Los números no mienten, y esta vez cuentan una historia muy distinta a la que nos quisieron vender.
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Fuente: Ivan Gallo en Facebook



