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El oportunismo legislativo de la camaleónica Angélica Lozano

Para muchos, Angélica Lozano representa un serio peligro político para el pueblo trabajador de Colombia, no por lo que dice en campaña, sino por lo que hace cuando tiene el poder de decidir.

Lo ocurrido alrededor de la senadora Angélica Lozano, del Partido Verde y pareja sentimental de la precandidata presidencial Claudia López, merece una reflexión crítica profunda desde el campo del progresismo y, sobre todo, desde la defensa de los derechos de la clase trabajadora. 

Su actuación frente a la Reforma Laboral resultó decepcionante

Para muchos sectores sociales y sindicales, su actuación frente a la Reforma Laboral no solo resultó decepcionante, sino que evidenció un comportamiento político que raya en el oportunismo más descarado.

Desde su posición privilegiada como senadora, Lozano asumió una postura frontal de oposición a la Reforma Laboral impulsada por el gobierno progresista. 

Radicó un proyecto alternativo

No se trató de una crítica constructiva ni de un debate honesto para mejorar el proyecto, sino —según sus detractores— de una estrategia calculada para vaciarlo de contenido. 

El punto más polémico fue la radicación de un proyecto alternativo reducido a su mínima expresión, que muchos interpretaron como una maniobra para sabotear la iniciativa original del Ejecutivo y debilitar los avances logrados en la Cámara de Representantes.

Su alianza política con Efraín Cepeda

Más grave aún fue su alianza política con Efraín Cepeda, reconocido líder del sector ultra conservador y férreo opositor de las reformas sociales del gobierno. 

Efrain Cepeda, quien abiertamente prometió bloquear cualquier transformación estructural en favor del pueblo trabajador, se convirtió en un aliado táctico de Lozano. Juntos lograron revivir la reforma en comisión, y en un acto que muchos califican de cínico, la senadora se auto-nombró ponente del proyecto.

Quiso deformar el espíritu de la reforma

Desde esa posición, Lozano impulsó modificaciones que, a juicio de amplios sectores progresistas, deformaron el espíritu de la reforma. 

Uno de los casos más emblemáticos fue el de los recargos laborales, que fueron llenados de excepciones y exclusiones. En el recargo nocturno, por ejemplo, se excluyeron las llamadas “actividades mayoritariamente nocturnas”, como restaurantes y bares, una decisión que en la práctica deja sin protección a miles de trabajadores que laboran precisamente en esos sectores. 

Además, defendió figuras como el trabajo por horas, ampliamente cuestionadas por su potencial para precarizar aún más el empleo.

Afortunadamente, la gestión de la bancada del Pacto Histórico logró contener la mayoría de estas pretensiones. 

Congresistas como la representante Mafe Carrascal jugaron un papel clave para preservar elementos centrales de la reforma, y el recargo nocturno finalmente quedó como se había acordado desde el primer momento en la Cámara.

En tiempos electorales, este episodio deja una lección clara: hay que tener especial cuidado con figuras camaleónicas que se presentan como progresistas, pero que en momentos decisivos terminan alineándose con los intereses más conservadores. 

Para muchos, Angélica Lozano representa un serio peligro político para el pueblo trabajador de Colombia, no por lo que dice en campaña, sino por lo que hace cuando tiene el poder de decidir.


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