Fajardo herido: cuando la superioridad moral se convierte en desprecio al pueblo

Los seguidores de Sergio Fajardo aún no superan la caída de un pedestal que ellos mismos construyeron: el de la supuesta superioridad moral e intelectual.

Los seguidores de Sergio Fajardo aún no superan la caída de un pedestal que ellos mismos construyeron: el de la supuesta superioridad moral e intelectual.

El concepto del “pobre de derecha” describe una paradoja sociopolítica profundamente arraigada en sociedades desiguales como la colombiana.

Jennifer tu partido, Dignidad y Compromiso, decidió hacer coalición con el Nuevo Liberalismo y con el MIRA. En ese contexto, por supuesto que un voto por ti ayuda a toda la lista. Así funcionan las coaliciones y así funciona el umbral.

Cuando los ocho candidatos de la llamada gran consulta se presentan ante la opinión pública bajo el lema de “unidos por Colombia”, es inevitable preguntarse qué entienden ellos por Colombia.

La clase política tradicional, la misma que históricamente le ha negado derechos y beneficios a la mayoría de la población y que se opone de manera sistemática a los logros que el progresismo ha conseguido para la gente, se fue lanza en ristre contra Matador, uno de los mejores —por no decir el mejor— caricaturistas del país.

Si Daniel no tuviera los apellidos Samper Ospina lo más seguro es que jamás hubiera tenido oportunidad de publicar en un medio.

Sergio Fajardo vuelve a escena como lo ha hecho durante años: con un tono mesurado, un lenguaje pulcro y una propuesta que promete mucho en la superficie, pero que se desinfla cuando se examina su sustancia.

Cabe analizar, a partir de las declaraciones emitidas por el presidente Donald Trump del pasado 4 de enero de 2025 —según las cuales, tras la intervención que habría derivado en la captura de Nicolás Maduro, Estados Unidos asumiría el control de Venezuela y de la explotación de su subsuelo, especialmente las reservas petroleras—.

Héctor Abad escribe con elegancia literaria lo que en el fondo es una vieja coartada política: «culpar al intento de cambio por los estragos acumulados de décadas de poder, y luego presentar como “novedad” al mismo centro cómodo que siempre llegó tarde, habló bajo y nunca se la jugó cuando el país ardía».

Durante años nos vendieron una narrativa cómoda y repetida hasta el cansancio: Gustavo Petro no sabía nada de economía y Álvaro Uribe Vélez era poco menos que un genio tecnócrata.