La seguridad no se construye con miedo ni con los mismos de siempre

Durante décadas nos han repetido la misma promesa: que eligiendo políticos de los partidos tradicionales se resolverán los problemas de seguridad del país.

Durante décadas nos han repetido la misma promesa: que eligiendo políticos de los partidos tradicionales se resolverán los problemas de seguridad del país.

En un momento donde la política en Colombia está arrancando el proceso electoral, un grupo de precandidatos está recorriendo el país, buscando firmas bajo la máscara de “independientes”.

Durante años nos vendieron una narrativa cómoda y repetida hasta el cansancio: Gustavo Petro no sabía nada de economía y Álvaro Uribe Vélez era poco menos que un genio tecnócrata.

La oposición al gobierno del presidente Gustavo Petro parece estar adoptando una postura más irracional y desconectada de la realidad. La más reciente evidencia de esto es la actitud que han mostrado frente al incidente diplomático con Perú y, de forma más general, ante el fallo en contra de Alvaro Uribe.

En medio de la creciente polarización política, la oposición en Colombia parece haber tomado acciones que, lejos de fomentar el bienestar social y la unidad nacional, promueven agendas que resultan contrarias a los intereses del país.

La política colombiana se enciende. Una reciente multitudinaria manifestación en Barranquilla, liderada por el presidente Gustavo Petro, ha reavivado el debate sobre el futuro laboral y de salud en el país.

David Luna ha reaparecido en la escena política colombiana con una estrategia cargada de cinismo y oportunismo. Tras haber renunciado a su curul en el Congreso, justo antes de lanzar su “precandidatura independiente”, Luna pretende ahora lavarse las manos de su largo historial dentro del partido Cambio Radical, uno de los símbolos más claros de la parapolítica, la corrupción y el clientelismo en Colombia.

En tiempos de cambio, el ruido es inevitable. Las sociedades que se transforman, que intentan corregir sus fallas estructurales y avanzar hacia modelos más justos, despiertan temores y resistencias.

La indignación contra el Centro Democrático (CD) y sus dirigentes continúa creciendo entre sus propios seguidores. La desconexión entre las promesas del partido y las realidades de su base de apoyo se ha hecho cada vez más evidente.

Que un avión llegue con compatriotas esposados y rebajados a la condición de mercancía humana debería ser una señal de alarma nacional. Que el presidente lo devuelva para exigir trato digno —y logre que los deporten en condiciones humanas— es, en cambio, presentado por algunos como un “error” estratégico.