
La indignación contra el Centro Democrático (CD) y sus dirigentes continúa creciendo entre sus propios seguidores. La desconexión entre las promesas del partido y las realidades de su base de apoyo se ha hecho cada vez más evidente.
La invitación del CD para participar en una “marcha de solidaridad” con el expresidente Álvaro Uribe, tras su reciente condena de 12 años por fraude procesal y manipulación de testigos, ha desatado una ola de frustración entre los ciudadanos que se sienten utilizados por el partido en momentos de necesidad.
El malestar crece
El malestar se intensifica cuando se recuerda la postura de indiferencia del Centro Democrático frente a las luchas sociales que han afectado a miles de colombianos.
Durante el mandato de Gustavo Petro y con la creciente presión de las reformas sociales, muchos colombianos pedían apoyo y acción del partido de derecha, específicamente en cuestiones como el empleo, la salud y las pensiones.
Sin embargo, cuando el pueblo expresó su deseo de salir a las calles para defender sus derechos, el Centro Democrático no solo se desentendió, sino que mostró abierta hostilidad.
Se burlaron de las protestas y ahora piden solidaridad
Sus dirigentes se burlaron de las protestas sociales, argumentando que «ellos no marchaban, sino que trabajaban«, e incluso prohibieron a sus militantes participar en las manifestaciones.
Ahora, cuando se trata de la condena de Uribe, el panorama cambia drásticamente. El partido no duda en convocar a sus seguidores para una manifestación en defensa de su líder, apelando a un sentimiento de «solidaridad«.
Esta doble moral ha causado el rechazo de muchos de sus fieles, quienes sienten que han sido utilizados como instrumentos de poder, sin recibir el apoyo necesario cuando lo han requerido.
La indignación crece
Más allá de las contradicciones de la convocatoria, otro aspecto que mantiene indignados a los seguidores del Centro Democrático es la actitud de la familia Uribe y de los principales líderes del partido.
En lugar de enfrentar las consecuencias de los actos de Uribe, han optado por un discurso de impunidad. En un intento por proteger a su líder, han solicitado sanciones y bloqueos en los Estados Unidos con el fin de influir sobre la justicia colombiana y así evitar que la condena se materialice.
No les interesa la gente
Para muchos, este intento de manipulación pone de manifiesto lo que ya es un secreto a voces: los intereses personales del Centro Democrático están por encima de los intereses del pueblo colombiano.
A esta falta de coherencia y empatía se suma el tema de las reformas sociales impulsadas por el gobierno de Petro.
En las últimas semanas, ha quedado claro que los líderes del Centro Democrático están más interesados en defender sus multimillonarios negocios en sectores como la intermediación en salud (EPS), pensiones y concesiones de vías (peajes), que en las necesidades reales de la población.
No quieren perder sus privilegios
La respuesta del partido a las reformas del gobierno ha sido sistemáticamente negativa, señalando que las medidas podrían afectar sus propios intereses empresariales.
De acuerdo con las declaraciones de algunos de sus miembros, uno de los objetivos más importantes del CD es desmantelar las políticas progresistas del actual gobierno, bajo el pretexto de proteger los intereses de sus seguidores.
Sin embargo, la percepción entre muchos colombianos es que lo que realmente se busca es garantizar la continuidad de sus lucrativos negocios, no el bienestar de la mayoría de la población.
Anteponen sus intereses a las necesidades de la gente
Lo que parece quedar claro es que el Centro Democrático sigue anteponiendo sus intereses particulares a las demandas sociales del pueblo colombiano.
La indignación no solo se limita a los sectores de izquierda, sino que también ha calado hondo entre muchos de sus seguidores más fieles, quienes, con el tiempo, comienzan a cuestionar la verdadera naturaleza del partido y de sus líderes.
Este desencanto con los dirigentes del Centro Democrático y con el comportamiento de Uribe y su círculo cercano refleja un creciente descontento que podría tener repercusiones serias en la política colombiana.
A medida que se aproximan nuevas elecciones y debates sobre reformas sociales, el CD podría enfrentar una difícil lucha por recuperar la confianza de sus bases.





