
La oposición al gobierno del presidente Gustavo Petro parece estar adoptando una postura más irracional y desconectada de la realidad. La más reciente evidencia de esto es la actitud que han mostrado frente al incidente diplomático con Perú y, de forma más general, ante el fallo en contra de Alvaro Uribe.
Si bien es comprensible que la oposición critique las políticas de cualquier gobierno, lo que se está viviendo hoy va mucho más allá de un simple desacuerdo político: estamos ante un bloque que se ha vuelto tan radical que ya no solo se opone por el bien de la democracia, sino que sus reacciones son cada vez más desmesuradas y contraproducentes.
Piden sanciones en Estados Unidos
Recientemente, el bloque opositor acudió a Estados Unidos con el claro objetivo de pedir sanciones y bloqueos contra Colombia, sin siquiera considerar los impactos que esas medidas podrían tener sobre el pueblo colombiano.
Esta estrategia, lejos de ser una forma efectiva de hacer frente a las políticas del presidente Petro, demuestra una actitud desmedida y, sobre todo, irresponsable.
No les bastó con intentar bloquear internamente las reformas sociales que buscan beneficiar a los sectores más necesitados, sino que se alinearon con intereses extranjeros, poniendo por encima de los derechos de los colombianos la condena ciega a cualquier iniciativa del gobierno.
El incidente con el Perú
La gota que colmó el vaso fue la reciente crisis diplomática con Perú, donde la oposición se ha alineado, de forma casi inexplicable, con las acciones del gobierno peruano, a pesar de que estas violan el Tratado de Río de Janeiro.
Este tratado, firmado en 1934, establece que la frontera entre ambos países debe coincidir con la línea más profunda del río Amazonas. Sin embargo, tras la aparición de islas al norte de esta línea, el gobierno de Perú ha decidido apropiarse de ellas por ley, lo que no solo es un acto unilateral, sino también un quebrantamiento de un acuerdo internacional firmado por ambos países.
El gobierno de Petro ha reaccionado ante esta violación, ya que la apropiación de estas tierras por parte del Perú podría hacer desaparecer a Leticia, el puerto amazónico de Colombia, y destruir su vida comercial.
La oposición apoya a Perú
A pesar de la gravedad del asunto, la oposición ha tomado una postura completamente contraria, apoyando a Perú de manera incongruente y, sobre todo, dejando de lado los intereses de Colombia en favor de una postura destructiva contra el presidente Petro.
Esta actitud no solo muestra un abandono de los principios nacionales, sino también un claro interés por oponerse a Petro a toda costa, sin importar las consecuencias para el país.
¿Cuál es el odio contra Petro?
Lo que parece molestar aún más a la oposición es que el presidente Petro busca, a través de sus reformas sociales, quitarle poder a los sectores más poderosos del país: las EPS, los grandes grupos financieros y, sobre todo, aquellos que controlan los recursos de la salud, los peajes y otros tributos fundamentales para la vida económica del país.
Las reformas del presidente no solo buscan mejorar las condiciones de vida de los colombianos, sino también devolverles los beneficios que les fueron arrebatados en el pasado por las políticas neoliberales de los opositores.
Sin embargo, la contradicción y la falta de coherencia de la oposición no se detienen ahí.
Mientras exigen la salida de Petro y la anulación de sus reformas sociales, piden al mismo tiempo que los ciudadanos salgan a marchar para apoyar la impunidad de Álvaro Uribe Vélez, el ex presidente condenado por manipulación de testigos y fraude procesal.
La falta de solidaridad con su propio pueblo, el cinismo y el descaro de pedir apoyo para salvar a un líder condenado por corrupción y crímenes, pone en evidencia lo que realmente les importa: el poder, sin importar el daño que puedan causar a la sociedad.
Lo que está ocurriendo en la oposición al gobierno de Petro es una deriva peligrosa, en la que los intereses personales y de grupo priman sobre el bienestar común.
Este comportamiento desmedido no sólo afecta la calidad del debate político en Colombia, sino que pone en riesgo la estabilidad y la soberanía del país. Es hora de que la oposición se reconozca como un contrapeso democrático, pero no como un obstáculo irracional y destructivo para el progreso de Colombia.





