Por: Rodrigo Báez Vallejo.
Yo no tomo canelazo, tomo cerveza fría, me gusta el pescado fresco y no congelado en el Pomona de la esquina, la espontaneidad y la hospitalidad son virtudes que cuando se oye mi acento se vuelven predecibles, prefiero el secreto a voces de un rumor que lo sabe toda la “cuadra” y no al vecino que ni siquiera sabe mi nombre; el entrañable olor a leña mezclado con vallenato y exceso de amistad se volvieron un lujo para mí en esta ciudad fría en donde ahora vivo, le doy la razón a mi amigo cuando a la distancia me dice jocosamente que no se me olvide que yo me bañaba con “totuma en la pila del patio de mi casa”; los gritos y las risas de un encuentro deportivo se tuvieron que cambiar por hobbies que han requerido de soledad y práctica individual.