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Un joint venture, pero social

Sample ImagePor: Rodrigo Báez Vallejo  

Pensar en cuáles son los proyectos económicos, sociales y territoriales más favorables para Santander como ciudadano del común me llama mucho la atención uno, que a pesar de hablar del Magdalena Medio como una región, no es para nada excluyente y por el contrario consolidaría y repotenciaría la economía del departamento.

Yo me pregunto si cuando se pensó hace unos años en crear un sector turístico interdepartamental entre Caldas, Quindío y Risaralda conocido ahora como el Eje Cafetero, en algún momento apareció un halo de inconformidad o una sensación de discriminación. Yo no sé realmente cómo fue ese proceso, pero sí sé que resultó muy exitoso para los participantes y los demás municipios sin necesidad de estar dentro de este perímetro; sólo pertenecer a estos tres departamentos  los favoreció.

Crear un Distrito Especial en el Magdalena Medio o un Área Metropolitana, enfocado (a) a impulsar las actividades propias de la región como la ganadería, la pesca y la explotación petrolera como común multiplicador no significaría la ruptura de relaciones de las ciudades pertenecientes a esta área con las de su departamento. Por el contrario, representaría un avance importante en cambiar ese paradigma que ha existido por cerca de 80 años que consiste en ver a Barrancabermeja como el municipio apartado de todas las características culturales del resto de Santander que financia con sus aportes provenientes de la producción de crudo y petroquímica a Bucaramanga. Ya Barranca se ha venido presentando como una ciudad cosmopolita, grande, autosuficiente y sobre todo tan hospitalaria que nunca se mostró antagónica a la recepción nuevas culturas.

Por esto es muy válido que se replanteen las relaciones de Barranca  con el resto de Santander, sobre todo con su capital. Que haya una alianza estratégica, tal vez enuncie algo muy comercial, pero la idea es que se haga una absorción aplicable al caso: que hagamos lo que los economistas llaman un joint venture en donde las dos ciudades sean responsables equitativamente en el proceso, que sean claras las fortalezas que cada una está dispuesta a aportar para subsanar las carencias de la otra. Que exista un intercambio de desarrollo con igualdad, JUSTO.

Todo esto acompañado de incentivos a los empresarios locales de las ciudades, capacitación, modernización. Qué bueno sería, por ejemplo, que los contratistas Barranqueños y Bumangueses se unieran entre otras cosas para cumplir con esas (a veces) imposibles condiciones obligatorias para participar en procesos licitatorios y permitir que las utilidades se queden en nuestras tierras.

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