
Aquí creemos que, si realmente queremos evitar y detener un posible triunfo del “tigre”, no podemos seguir insistiendo únicamente en sus faltas morales, éticas y en sus conductas que muchas veces rozan lo delincuencial.
La experiencia ha demostrado que una parte importante de sus seguidores no se siente escandalizada por esos comportamientos; por el contrario, parecen ver en ellos una muestra de rebeldía, poder o desafío al sistema tradicional.
Por eso, continuar enfocando el debate exclusivamente en sus escándalos termina siendo una estrategia poco efectiva y desgastante.
Que perdemos con el triunfo del Tigre
Tal vez el camino más sensato sea recordarles a los ciudadanos lo que podrían perder si ese proyecto político llega al poder.
Según sus propias propuestas y promesas, estarían en riesgo muchos de los avances sociales alcanzados. Los aumentos salariales, la reforma pensional, las conquistas laborales y las ayudas estatales podrían sufrir recortes severos o desaparecer progresivamente bajo un modelo económico centrado en la privatización.
¿Qué es lo que más preocupa?
La preocupación principal radica en que sectores fundamentales pasarían a manos de un pequeño grupo empresarial privilegiado.
A través de mecanismos financieros y de intermediación, ese reducido círculo retomaría control sobre servicios esenciales y sobre buena parte de los recursos que pagan los colombianos mediante impuestos y tarifas.
La experiencia internacional demuestra que este tipo de políticas neoliberales suele socializar las pérdidas entre la población mientras garantiza enormes ganancias privadas para las élites económicas, muchas veces trasladadas posteriormente a paraísos fiscales.
En un eventual triunfo del “tigre”, el ciudadano común sería quien asumiría las consecuencias.
Se reducirían las ayudas del Estado y se fortalecería un sistema donde las grandes corporaciones funcionarían como nuevos “señores feudales”, cobrando peajes y obteniendo rentas de servicios indispensables.
En lugar de promover una economía productiva y competitiva, se consolidaría un modelo basado en la concentración del poder económico y en la extracción constante de recursos de la población.
Las consecuencias de esa mala decisión son evidentes
Crece el inconformismo ciudadano, se desencadena un estallido social y se incrementa la represión estatal, con el lamentable saldo de muertes, desorden y restricciones a las libertades. Aún estamos a tiempo de corregir el rumbo y tomar una decisión responsable.





