Fajardo no es el antídoto contra la polarización: es el síntoma de un país que prefirió la neutralidad frente a la injusticia

Héctor Abad escribe con elegancia literaria lo que en el fondo es una vieja coartada política: «culpar al intento de cambio por los estragos acumulados de décadas de poder, y luego presentar como “novedad” al mismo centro cómodo que siempre llegó tarde, habló bajo y nunca se la jugó cuando el país ardía».











