
Héctor Abad escribe con elegancia literaria lo que en el fondo es una vieja coartada política: «culpar al intento de cambio por los estragos acumulados de décadas de poder, y luego presentar como “novedad” al mismo centro cómodo que siempre llegó tarde, habló bajo y nunca se la jugó cuando el país ardía».
Pacto Histórico II
Decir que Colombia “no necesita un Pacto Histórico dos” es ignorar que Colombia necesitó durante décadas algo distinto y nunca se lo dieron.
Lo que hoy está en crisis no nació en 2022: la inseguridad, la quiebra de la educación pública, el colapso del sistema de salud, la deuda y la corrupción son herencias estructurales, no invenciones recientes.
Pretender que (4) cuatro años de un gobierno reformista reparen un país devastado por 30 o 40 años de neoliberalismo armado es una exigencia injusta… y profundamente deshonesta.
Iván Cepeda no es “Petro II”.
Es memoria, es derechos humanos, es coherencia ética.
Es alguien que enfrentó al paramilitarismo cuando otros miraban para otro lado o pedían “prudencia”.
Mientras muchos “centristas” cuidaban su respetabilidad, Cepeda se jugaba la vida denunciando la alianza entre política, armas y poder económico. Y eso, en Colombia, no es retórica: es valentía.
Sergio Fajardo no es el antídoto contra la polarización
Es el síntoma de un país que prefirió la neutralidad frente a la injusticia.
Fue incapaz de tomar partido cuando había que elegir entre víctimas y victimarios, entre cambio o continuidad, entre paz o guerra maquillada.
Su “radicalismo” de la seguridad y la anticorrupción nunca incomodó a nadie poderoso, nunca rompió un pacto real, nunca tocó intereses estructurales. Por eso gusta tanto: porque no asusta a nadie.
Ser incorruptible no basta
Decir que Fajardo es “incorruptible” no basta en un país donde el problema no es solo robar, sino permitir que otros roben, maten y gobiernen sin consecuencias.
La historia no necesita «buenas personas calladas»: necesita decisiones, conflicto democrático y coraje político.
La verdadera reedición peligrosa no es Petro, sino el «eterno retorno del centro» que promete equilibrio mientras conserva el desequilibrio social intacto.
Ese «centro» que siempre pide paciencia a los pobres y comprensión a los poderosos.
El Pacto Histórico no es perfecto, pero es el primer intento serio de romper el orden político que normalizó la desigualdad, la violencia y el saqueo.
Por eso lo atacan con tanta fuerza desde todos los flancos.
Entre la nostalgia elegante del centro y el odio explícito de la extrema derecha, el cambio sigue siendo una necesidad histórica.
Y hoy ese cambio NO se llama Fajardo.
Se llama Petro, Pacto Histórico e Iván Cepeda.
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Fuente: Peter Gabriel en Facebook




