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Cambio, Felipe López y el viejo libreto: cuando la crítica al petrismo se parece demasiado a una campaña

Cambio y Coronell terminan haciendo aquello que dicen criticar: polarizar, meter miedo y reducir el debate democrático a caricaturas. El “reality” no es el gobierno que cuestionan, sino el espectáculo mediático que, una vez más, busca influir en la opinión pública para que nada esencial cambie.

La edición central de fin de semana de la revista Cambio decidió titular, con una contundencia que no admite matices, que “lo de Petro no fue un gobierno sino un reality de izquierda”. 

El texto, atribuido al llamado “legendario” Felipe López Caballero y amplificado por los editores del medio —entre ellos Daniel Coronell—, no solo busca descalificar al actual gobierno progresista, sino que pretende instalar una narrativa política que encaja con precisión quirúrgica en el clima preelectoral.

La operación editorial es clara 

Desempolvar una voz histórica, dotarla de autoridad moral y presentarla como conciencia lúcida frente a un país supuestamente extraviado. 

Poco se dice, sin embargo, del contexto familiar y político del propio Felipe López Caballero, fundador de Semana e hijo del expresidente Alfonso López Michelsen

Sobre ese pasado pesan debates históricos y señalamientos que han circulado durante décadas en el ámbito académico y periodístico, incluidos documentos desclasificados de Estados Unidos que, según distintas interpretaciones, mencionan posibles vínculos de élites políticas con economías ilegales durante los años setenta. 

Una omisión selectiva

No se trata aquí de afirmar culpabilidades, sino de subrayar una omisión selectiva: Cambio exige memoria crítica para unos, pero amnesia conveniente para otros.

Daniel Coronell, presentado durante años como contradictor del uribismo, termina curiosamente coincidiendo con ese mismo bloque en la defensa del statu quo. 

La revista sostiene, sin sustento documental verificable, que el peor daño para el país del gobierno de Gustavo Petro ha sido “instalar una narrativa basada en el odio”. 

La afirmación ignora deliberadamente políticas concretas

El aumento real del salario mínimo, el intento de reformar un sistema de salud dominado por intermediarios financieros poderosos, la recuperación de bienes incautados al narcotráfico para fines sociales y la insistencia en reformas laborales y pensionales largamente aplazadas.

Resulta llamativo que un medio financiado —como buena parte de la prensa tradicional— por grandes anunciantes y sectores económicos afectados por estas reformas, adopte una línea editorial que coincide con los intereses de quienes se resisten a perder privilegios. 

Consigna de marketing político 

El señalamiento de que el petrismo “polariza” funciona más como consigna de marketing político que como análisis serio de la realidad nacional.

El punto más delicado llega cuando Felipe López, convertido en titular, advierte que un eventual triunfo electoral de figuras tan disímiles como Iván Cepeda o Abelardo de la Espriella podría desatar una “guerra civil”. 

El recurso al miedo, históricamente usado en Colombia para disciplinar al electorado, reaparece sin rubor

Equiparar a Iván Cepeda —reconocido defensor de derechos humanos y promotor de acuerdos de paz— con un escenario de caos nacional no solo es irresponsable, sino profundamente estigmatizante.

En ese sentido, Cambio y Coronell terminan haciendo aquello que dicen criticar: polarizar, meter miedo y reducir el debate democrático a caricaturas. El “reality” no es el gobierno que cuestionan, sino el espectáculo mediático que, una vez más, busca influir en la opinión pública para que nada esencial cambie.


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