
El polémico periodista Félix de Bedout vuelve a aparecer en el debate público posando de árbitro neutral, cuando en realidad actúa como uno de los más visibles impulsores de las nuevas mayorías que promueve el mal llamado centro político.
En su más reciente intervención, Félix plantea que si alguien se indignó con la compra de votos en el Congreso durante el escándalo de la Yidispolítica —episodio de corrupción que permitió la reelección de Álvaro Uribe— entonces no puede “hacerse el pendejo” frente a la supuesta compra de votos en el Congreso relacionada con el escándalo de la UNGRD.
Y remata diciendo que, en sentido inverso, quien condena uno debe condenar el otro. Para él, se trata de simple coherencia.
La falsa coherencia de Félix
El problema es que esa supuesta coherencia se desmorona cuando se examinan con cuidado las intenciones y los contextos que Félix omite deliberadamente.
Su comparación no es un ejercicio honesto de análisis, sino un intento de equiparar hechos profundamente distintos: una clásica comparación de peras con limones.
No es la primera vez que, en su afán de favorecer la narrativa política del llamado “centro”, Félix confunde el periodismo con el activismo político, presentando opiniones como si fueran verdades equilibradas.
La Yidispolítica fue un hecho probado, investigado y juzgado.
Hubo compra de votos, hubo responsables condenados y hubo un beneficiario claro y directo: la reelección exitosa de Álvaro Uribe Vélez, que se logró gracias a una modificación constitucional obtenida mediante prácticas ilegales.
Es un caso cerrado en términos judiciales y políticos, y representa uno de los episodios más graves de corrupción institucional en la historia reciente del país.
Lo de la UNGRD sigue siendo un evento en investigación
En contraste, el escándalo de la UNGRD sigue siendo un evento en investigación, muy lejos aún de establecer con claridad quiénes fueron los verdaderos culpables.
Ni los hechos han sido plenamente probados ni los supuestos beneficiarios están claramente definidos. De hecho, resulta cuando menos paradójico que varios de los congresistas señalados —en su mayoría del Partido Verde— terminaran votando en contra de las reformas para las que supuestamente habían sido sobornados.
Aun aceptando que cualquier soborno es condenable y no puede justificarse bajo ninguna circunstancia, los móviles que se atribuyen a este caso no lograron su objetivo político: las reformas se hundieron.
Además, hay una diferencia sustancial que Félix elige ignorar.
Mientras la Yidispolítica buscaba beneficiar a una persona y a un proyecto de poder personal, lo que se discute en la UNGRD —de comprobarse— estaría relacionado con la búsqueda de mayorías para aprobar reformas sociales orientadas a beneficiar a los sectores más vulnerables del país.
Esto no absuelve posibles delitos, pero sí demuestra que no se trata de fenómenos equivalentes ni moral ni políticamente.
El engaño del centro político
Lo verdaderamente preocupante es el papel que juegan figuras del centro político , apoyadas por personajes que se presentan como independientes, como Félix de Bedout.
Bajo el discurso de los “extremos”, buscan confundir a la opinión pública para frenar las reformas sociales que el país necesita.
Es la vieja estrategia de simular que todo va a cambiar para que, en el fondo, no cambie nada: reformas cosméticas que terminan protegiendo los intereses de los grandes empresarios que financian estas campañas, mientras se deslegitima cualquier intento real de transformación social.




