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Samuelito, un nacimiento de película y una vida de servicio – Por Benito Guerra Fuentes

Querido Samuelito, seguiremos recordándote con cariño y con ese orgullo que siempre compartimos; barranqueños de corazón y guamaleros de nacimiento.

A un año de su partida, una anécdota familiar nos devuelve la sonrisa y el recuerdo de un guamalero de nacimiento y barranqueño de corazón.

Hoy, 8 de octubre, se cumple un año de la partida de Samuel Larios Díaz, nuestro querido Samuelito. Lo recordamos con profunda nostalgia y gratitud por su bondad, su honestidad y su generosidad. Hizo del servicio a los demás una forma de vida, y su recuerdo permanece vivo en el corazón de quienes tuvimos la fortuna de conocerlo.

Recordarlo también nos hace sonreír. Entre las historias que compartimos, hay una que merece ser contada; la de su llegada al mundo. Sus padres habían planeado que naciera en Pinillos, Bolívar, pero terminó naciendo en Guamal por un giro inesperado del destino y, según la memoria familiar, por una res que se atravesó donde no debía.

Meses antes de su partida conversamos sobre nuestras raíces en esa bella tierra guamalera, también colorá y tan querida por ambos. Samuelito me contó que, desde su nacimiento, no había vuelto al pueblo y que durante muchos años había deseado conocer la casa donde vio la primera luz. Cuando por fin cumplió ese anhelo, sintió la alegría de reencontrarse con el lugar donde había comenzado su historia.

Aquella conversación nos llevó a recordar las circunstancias de su nacimiento, que cambiaron los planes de sus padres.

A finales de octubre de 1950, José Garibaldi Fuentes y su esposa, Edith Díaz Ardila, vivían en Guamal y esperaban la llegada de su primer hijo. Herlinda Díaz Ardila, hermana de Edith y esposa de Samuel Enrique Larios Vides, también estaba embarazada y esperabansu primogénito. Pese a su estado, viajó a Guamal para acompañar a su hermana y conocer al que sería su primer sobrino.

Así eran las querencias de antes, una hermana se ponía en camino para cuidar de la otra, aun cuando ella misma llevaba una nueva vida en el vientre. Lo que Herlinda no imaginaba era que aquella visita terminaría cambiando sus propios planes.

El 1 de noviembre nació William José Fuentes Díaz. La familia celebró su llegada sin sospechar que, apenas doce días después, habría otro nacimiento bajo el mismo techo.

La casa de los Fuentes Díaz quedaba muy cerca de la vía que conducía al matadero municipal. Por aquellos años, los vaqueros arreaban el ganado desde los potreros por las calles del pueblo. Era una escena cotidiana en Guamal, aunque resultaba más tranquila para quien la contemplaba desde una ventana que para quien se encontraba con una res de frente.

Y eso fue lo que le ocurrió a la tía Herlinda. Un día apareció frente a la casa una res embravecida y le provocó un susto de los que no se olvidan. Según contaba la familia, aquella impresión precipitó el parto y adelantó la llegada de Samuelito.

¡Herlinda había ido a acompañar a su hermana en un parto y terminó protagonizando el suyo!

Así, el 13 de noviembre de 1950, Samuelito nació en Guamal, antes de lo previsto y lejos del lugar que sus padres habían escogido. La res siguió su camino sin sospechar que acababa de ganarse un puesto en la memoria familiar. No sabemos qué fue de ella; lo cierto es que, cada vez que se contaba aquel nacimiento, volvía a aparecer en la historia.

Desde entonces, Samuelito quedó unido para siempre a Guamal. Más adelante, Barrancabermeja conquistó su corazón. Aquí construyó afectos y dejó huella por su nobleza y su disposición para ayudar. Quienes lo conocimos sabemos que su vocación de servicio se expresaba en el trato amable y en su presencia cuando alguien lo necesitaba.

Al recordar aquella charla, pienso en cuánto significan los lugares que nos ven nacer y aquellos que elegimos para vivir. Samuelito y yo compartíamos esas dos querencias. Guamal en nuestras raíces y Barrancabermeja en el corazón. Por eso disfrutábamos tanto hablar de nuestra tierra y de las vueltas de la vida que nos habían traído hasta aquí.

Hoy nos duele su ausencia, pero nos acompaña la gratitud de haber compartido su amistad. Entre la nostalgia se abre paso una sonrisa cuando recordamos aquella visita familiar que terminó con dos primos recién nacidos y una res convertida en protagonista.

Querido Samuelito, seguiremos recordándote con cariño y con ese orgullo que siempre compartimos; barranqueños de corazón y guamaleros de nacimiento.

Y, en tu caso, con una res que todavía se atraviesa en el relato y nos hace sonreír entre lágrimas