Por : Heyner Mancera Rincón
La historia relata que en la antigua Roma, los generales que alcanzaban grandes victorias, eran homenajeados por el senado romano concediéndoles el honor de un apoteósico desfile por la ciudad para que el pueblo los conociera y saludara. El carro del general triunfador era tirado por caballos blancos y su marcha estaba acompañada por músicos, bailarines, bufones, el vestido especial para el recorrido constaba de toga picta y la túnica palmata, prendas destinadas a los Dioses y monarcas y la verdad no era para menos ya que aquel hombre que lograra incrementar las riquezas, posesiones y poder del imperio, acababa de conseguir el mayor honor que un militar romano podía imaginar.