
En la plaza de toros de Figueras, España, Salvador Dalí, el genio del surrealismo, ideó una maniobra publicitaria tan extravagante como su propio bigote.
Pretendía que un helicóptero «raptara» al último toro de la tarde para trasladarlo directamente a su museo. Aquel gesto simbolizaba su deseo de inaugurar el recinto por todo lo alto, una idea «daliniana» en el sentido más estricto; estrafalaria, febril y, aparentemente, irrealizable. Sin embargo, aquel día la tramontana1 sopló con furia y el viento impidió que las hélices elevaran el sueño del pintor.
A Dalí le fascinaban los toros. Encontraba en la tauromaquia una mezcla perfecta de vida, muerte, violencia y erotismo, elementos fundamentales de su narrativa. Lo que nunca imaginó fue que su anhelo se materializaría lejos de España, en el corazón de una corraleja colombiana. El escenario fue Barrancabermeja, durante la Fiesta Nacional del Petróleo de 1963. El protagonista no fue un artista, sino un piloto estadounidense, el capitán Anthony Taddeo.
Taddeo, un piloto con vasta experiencia transportando tuberías para oleoductos en la empresa HELICOL, decidió rendir un homenaje insólito a la ciudad. Con la complicidad de Manuel Herrera Rodríguez, presidente de las festividades, se propuso sacar a un toro de la arena desde el aire. Bajo una tensión absoluta, y mientras la banda “Playa Blanca” de Puerto Wilches marcaba el ritmo, el helicóptero descendió sobre la plaza ante la mirada atónita de la multitud.

Más allá del espectáculo, el motor detrás de tal pericia era el amor. Anthony Taddeo buscaba impresionar a la mujer que le había robado el corazón; Elizabeth Lizarazo, distinguida dama de Puente Sogamoso. El romance prosperó; se casaron y tuvieron dos hijas, una de las cuales es la hoy ex senadora demócrata en Estados Unidos, Annette Taddeo, nacida orgullosamente en Barrancabermeja en 1967.

La noticia del «toro volador» cruzó el Atlántico. Cuando un diario capitalino relató cómo en Barrancabermeja se había logrado lo que en Figueras fue imposible, Dalí, lejos de molestarse, envió un telegrama al director de El Espectador:
“En mi homenaje celebrado en Figueras solamente el fuerte viento impidió la llegada del helicóptero, pero ruego transmita a Barrancabermeja mi agradecimiento por haber materializado el primer ‘aerorapto’ histórico, el cual considero como un símbolo categórico del triunfo de la verticalidad mística española”.
Aquel evento, ocurrido en los terrenos que hoy ocupa la escuela Antonia Santos (Barrio Pueblo Nuevo), quedó grabado en la memoria local. Aunque Dalí lo interpretara como un triunfo de su mística, para los barranqueños fue una prueba indeleble de hasta dónde puede llegar el ingenio y el afecto en la tierra del cacique Pipatón.
1La tramontana es un viento del norte frío y violento (que supera los 100 km/h) típico de Cataluña y las Baleares. Su nombre significa «más allá de la montaña» y es tan influyente que moldea el paisaje.
Agradecimientos
Expreso mi profunda gratitud a los señores Pedro Liberio Joya (QEPD), Manuel Herrera Rodríguez, (QEPD) Arnulfo López (QEPD), César Vega, Guillermo Bejarano, y a Daniel Cañas Granados, cuyas valiosas contribuciones y testimonios en conversatorio fueron fundamentales para la reconstrucción de esta memoria histórica. Asimismo, extiendo un reconocimiento especial al diario El Espectador por su invaluable labor de archivo y documentación





