El país necesita debates sinceros, no máscaras políticas disfrazadas de centro

En el debate político colombiano se ha instalado una idea tan conveniente como engañosa: la supuesta existencia de un “centro político” fuerte, sensato y mayoritario.

En el debate político colombiano se ha instalado una idea tan conveniente como engañosa: la supuesta existencia de un “centro político” fuerte, sensato y mayoritario.

La escena política colombiana vive un momento singular: una oposición al gobierno de Gustavo Petro que, lejos de construir un proyecto coherente, aparece ante la ciudadanía como un círculo cerrado de élites económicas y políticas que parecen moverse más por la defensa de sus intereses que por un compromiso real con el país.

Durante décadas, Colombia ha sido escenario de una misma película repetida hasta el cansancio: los mismos apellidos, las mismas familias y los mismos discursos vacíos.

Los expresidentes César Gaviria y Álvaro Uribe Vélez han anunciado una alianza política con el argumento de “salvar al país”. Sin embargo, analistas independientes coinciden en que esta vez la tarea de convencer al electorado será mucho más difícil.

En una acción que muchos consideran como una muestra de desesperación política, los expresidentes Álvaro Uribe Vélez y César Gaviria Trujillo, quienes durante más de dos décadas se presentaron como enemigos irreconciliables, hoy aparecen sentados en la misma mesa hablando de “alianzas para salvar a Colombia”.

De no creer. En una jornada que movilizó a más de 2.7 millones de personas, la ex ministra Carolina Corcho obtuvo 678.962 votos en la consulta del Pacto Histórico del pasado 26 de octubre.

En medio de una coyuntura política marcada por la confrontación ideológica y la tensión social, la candidatura de Carolina Corcho emerge como un llamado a la dignidad nacional y a la defensa de un proyecto alternativo de país.

Que un avión llegue con compatriotas esposados y rebajados a la condición de mercancía humana debería ser una señal de alarma nacional. Que el presidente lo devuelva para exigir trato digno —y logre que los deporten en condiciones humanas— es, en cambio, presentado por algunos como un “error” estratégico.

En un contexto internacional cada vez más polarizado, las acusaciones de Donald Trump contra el presidente colombiano Gustavo Petro y su gobierno, sumadas a la actitud de ciertos políticos nacionales, revelan una realidad alarmante: algunos de nuestros propios líderes no tienen reparo en vender su país en el exterior, sin importar las consecuencias para la nación.