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¿Y si gana Fajardo? – Por: Jorge Gómez P

¿Y si gana Fajardo?

En reciente conversación con un reconocido analista político, imaginé un escenario donde Ángela Robledo se imponía con su carisma en la consulta de los verdes y se hacía a la candidatura de dicho sector. Pero mi interlocutor pensaba otra cosa: “no le extrañe si el próximo presidente es Sergio Fajardo”.

¿Ángela o Petro? Un corazón dividido – Por: Jorge Gómez P

¿Ángela o Petro? Un corazón dividido - Por: Jorge Gómez P
Gustavo Petro – Ángela Robledo

Comencemos por decir que la fórmula Gustavo Petro – Ángela Robledo de hace tres años habría sido el “matrimonio ideal” para gobernar a Colombia. En este contexto la renuncia definitiva de Ángela María Robledo a Colombia Humana podría verse como algo negativo, pues profundiza la división de la centro-izquierda. Pero podría tener su lado positivo.

Las ‘hazañas’ del general Rafael Samudio – Por: Jorge Gómez P

Las ‘hazañas’ del general Rafael Samudio

Transido por la indignación hace dos semanas escribí ‘en caliente’ una columna para El Espectador, que luego me abstuve de enviar, titulada El genocidio de Barco y el actual: ¿alguna diferencia? La dejé en salmuera, le corregí sus excesos y luego la publiqué en ElUnicornio.co.(Ver columna).

Petro, déjese ayudar – Jorge Gómez Pinilla

Petro, déjese ayudar
Gustavo Petro

Comencemos por citar lo que le escuché a un amigo cuyo nombre me abstengo de pronunciar, pero es un caricaturista famoso: “Petro va a volver a perder, por pendejo”.

Borgen, de Netflix: algo huele bien en Dinamarca – Por: Jorge Gómez Pinilla

Borgen, de Netflix: algo huele bien en Dinamarca

Ahora que el noble ejercicio de la política se ha envilecido tanto con prácticas engañosas, rufianescas o clientelistas -desde las toldas de Trump hasta las de Álvaro Uribe, pasando por un César Gaviria que vende su partido por un plato de lentejas- cae como bálsamo refrescante la serie Borgen, de Netflix, pues nos permite soñar esperanzados en que puede haber políticos empeñados en hacer de este un mejor mundo, o al menos en hacer lo correcto. (Ver Borgen).

El Horacio Serpa que conocí – Por: Jorge Gómez Pinilla

El Horacio Serpa que conocí – Por: Jorge Gómez Pinilla
Horacio Serpa QEPD y familia

Contrario a lo que se piensa, que mi amistad con el dirigente liberal Horacio Serpa era de vieja data, lo conocí el 2 de enero de 2009, iniciando él su segundo año como gobernador de Santander.

Las Farc y el asesinato de Álvaro Gómez: ahí hay gato encerrado – Por: Jorge Gómez Pinilla

Las Farc y el asesinato de Álvaro Gómez: ahí hay gato encerrado - Por: Jorge Gómez Pinilla

Una verdadera avalancha de preguntas he recibido desde el sábado pasado, a raíz de un comunicado del partido FARC donde la cúpula de esa agrupación exguerrillera “reconoce” una supuesta participación suya en seis crímenes. (Ver comunicado).


En mi condición de autor del libro Los secretos del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, que ya todos conocen, me veo obligado a pronunciarme. Sé que lo hago “en caliente” y que la prudencia sugeriría esperar a conocer las pruebas que esa agrupación tendría para hacer tan extrañas “confesiones”, pero quedarme callado sería concederle la razón a lo que considero una tesis delirante.


Tiene razón Noticias Uno cuando en su emisión del sábado pasado dijo que las declaraciones de las Farc “dejaron al país estupefacto”. En este contexto surgen múltiples interrogantes, ávidos de una respuesta sólida y convincente, para dejar de tener la sensación de que nos quieren hacer tragar un cuento por completo traído de los cabellos.


El primer gran interrogante, por qué guardaron el secreto durante 25 años. Si las Farc habían declarado a Gómez Hurtado objetivo militar (aunque nunca lo supimos) y al final cumplieron su objetivo, ¿por qué habrían de callarlo?


En mi última columna conté cómo formulé esa pregunta a alguien cercano a la cúpula desmovilizada de las Farc (cuyo nombre no estoy autorizado a dar) y este respondió, tajante: “¿Usted cree que si hubiéramos sido nosotros, no lo habríamos cobrado política y militarmente?”. Habría que preguntarse entonces si en la unificación de las versiones del partido FARC sobre dichos crímenes también se presenta una “disidencia” en sus filas, o si se trata de una oveja descarriada


Un segundo gran interrogante alude a las pruebas que están obligados a presentar ante la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), en particular sobre tres asesinatos cuya autoría, en mi libro, es atribuida a los mismos actores, aunque de ningún modo a las Farc: el político Álvaro Gómez Hurtado, el general Fernando Landazábal y el académico Jesús Antonio Chucho Bejarano.


Es sobre la escena de esos tres crímenes que no logro ver a las Farc, comenzando porque según testigos los gatilleros salieron caminando con tranquilidad pasmosa, la de quien sabe que el perímetro está protegido. Y así no actuaban las Farc, su accionar se ajustaba más al ajusticiamiento de un Pablo Emilio Guarín en las calles de Puerto Boyacá, con un operativo en el que cuatro personas —tres hombres y una mujer— ocultas en una procesión abren fuego sorpresivamente contra el líder paramilitar, quien iba en compañía de su esposa, y huyen en una camioneta.


O como el caso del diputado Celestino Mojica, en una calle de Bucaramanga: ocho guerrilleros abren fuego contra el carro donde va en compañía del ganadero Oliveros Tamayo, mientras otros a pie se dirigen hacia los ocupantes y las rematan a quemarropa. Y huyen en dos camionetas.


Como digo en la página 108 de mi libro, “los asesinatos del general Landazábal y el consejero Bejarano tuvieron el mismo modus operandi” y (…) “se advierte la aplicación de un plan de silenciamiento contra toda persona poseedora de información sobre los verdaderos autores del asesinato de Álvaro Gómez, sin diferenciar si el silenciado era un aliado o un delincuente”.


Del mismo modo que ante la escena del crimen el investigador comienza por preguntarse “¿a quién le sirve?”, en el caso que hoy nos ocupa se trataría de desentrañar a quién le sirve que las Farc quieran aparecer como los autores materiales del magnicidio, algo que se lo atribuyo -con sobradas pruebas- a un aparato organizado de poder militar de extrema derecha.


En primera instancia no les sirve a las mismas Farc, pues aparecen como asesinas de un hombre tan cuestionado en vida, es cierto, pero cuya imagen se crece -e incluso opaca a la de su padre Laureano- con el paso del tiempo.


Entonces, ¿a quién le sirve? Pues a los verdaderos autores del crimen, porque la gente dejaría de mirar hacia esos que el exembajador de Estados Unidos en Colombia, Myles Frechette (el hombre mejor informado sobre lo que estaba pasando) identificó como un grupo de militares golpistas que “le hicieron la pregunta. Tal vez fueron pendejos y no lo pensaron bastante bien. Nunca pensaron que Álvaro iba a decirles que no. Y cuando les dijo que no, casi se desmayaron y dijeron ‘vamos a hacer algo rápido’”. (Página 193 de mi libro).


¿A quién más le sirve? A Piedad Córdoba, sin duda, cuya reaparición en la escena política se dio con bombos y platillos, y a quien hoy la opinión publica percibe como la persona que logró convencer a las Farc de que dejaran de callar en torno a esos crímenes y “confesaran” sus culpas.


Una amiga cuyo nombre tampoco estoy autorizado a divulgar (pero se puede consultar aquí), afirma que la declaración de las Farc fue una paparrucha, término popular que en España -según el DRAE- alude a una “noticia falsa y desatinada de un suceso, esparcida entre el vulgo”. Me suena razonable, porque se trata de algo en apariencia desatinado, pero igual se puede afirmar lo que dije desde el título: que ahí hay gato encerrado.


Es como si después de que una mujer ha tenido tres hijos, un ginecólogo expide un dictamen pericial que la declara virgen. Esto es, entonces, lo que ahora a las Farc les corresponde probar ante la JEP: que los militares golpistas -activos y retirados- a los que el acervo probatorio veía como los culpables del magnicidio, son prácticamente vírgenes en el asunto.


Según las Farc en el comunicado donde reconocen su supuesta participación en lo de Álvaro Gómez, “hoy sabemos que nuestros adversarios en la guerra pueden ser nuestros aliados en la paz”. ¿Estamos acaso frente a un acuerdo entre exenemigos “por debajo de la mesa”? Averígüelo, Vargas…


DE REMATE: Del mismo modo que resulta sospechosa la autoinculpación de las Farc, también lo es que de la página web de Semana hayan desaparecido ciertos artículos que le dan veracidad a la tesis de los militares golpistas. Uno de ellos es el titulado El hombre clave, referente a un exintegrante del Grupo Cazador que le contó en detalle a la periodista Gloria Congote cómo fue la planeación y ejecución del magnicidio. Haciendo clic en este enlace debía abrirse el artículo en mención, pero vaya sorpresa, está tan desaparecido como el hombre que dio esas asombrosas declaraciones, Diego Edinson Cardona Uribe. En todo caso, si quiere conocer su contenido, está publicado en este enlace de El Unicornio.




@Jorgomezpinilla

jorgegomezpinilla.blogspot.com

Iván Duque, el “hazmellorar” (Por: Jorge Gómez Pinilla)

Iván Duque, el “hazmellorar”  (Por: Jorge Gómez Pinilla)

El Diccionario de la RAE define hazmerreír como la “persona que por su aspecto o conducta es objeto de diversión o burla de otros”.   Esta definición se amolda a todo aquel que con su actuación de algún modo entretiene y no hace daño a los demás. Pero cuando las alocadas decisiones que alguien toma (o que le hacen tomar) ponen en peligro la estabilidad institucional de una nación, hay que pensar en darle el calificativo que le corresponde: el de “hazmellorar”.

“Uribe es un pirómano muy peligroso” – Por: Jorge Gómez P

“Uribe es un pirómano muy peligroso” – Por: Jorge Gómez P

El título de esto va entrecomillas porque es parodiando la columna de Felipe Zuleta del domingo pasado, aquí en El Espectador, titulada “Petro es un pirómano muy peligroso”. (Ver columna).

“Homicidios colectivos”: bienvenidos al fascismo – Por: Jorge Gómez P

“Homicidios colectivos”: bienvenidos al fascismo

Tiene razón María Jimena Duzán cuando en su columna del domingo pasado (Uribe, el fascista) afirma que “un Uribe desbordado quiere imponer un Estado en que los individuos no tengan libertades individuales y en el que se nos someta a un solo pensamiento y a un solo partido, como sucede en el fascismo”.