A Rubby Pérez, in memoriam – Por: Lucero Martínez Kasab

En los años ochenta el Carnaval de Barranquilla aún era la expresión espontánea de un pueblo que se entregaba al delirio durante cuatro días seguidos rompiendo la realidad con música, bailes, desorden, alegría en las calles, en las terrazas, en los patios y verbenas de manera auténtica.
















