¡Barrancabermeja! – Por: Alberto Rafael Cotes A

En marzo del año 1987 llegué a Barrancabermeja. Vine a pedido de mi tío EDUARDO ACOSTA TRONCOSO, quien a la sazón era uno de los principales contratistas de la ciudad.

En marzo del año 1987 llegué a Barrancabermeja. Vine a pedido de mi tío EDUARDO ACOSTA TRONCOSO, quien a la sazón era uno de los principales contratistas de la ciudad.

A principios de año, la tranquilidad de saber que había vacunas para frenar la COVID-19 nos unió: íbamos a estar a salvo.

En este momento en el mundo, empresas y gobiernos le apuestan cada vez más a invertir en actividades ambientalmente amigables, pues para casi todo el mundo es claro que el cambio climático y sus consecuencias desastrosas sobre la vida en la tierra son una realidad.

La bajeza a la que puede llegar la prensa de un país entregada al servicio de intereses oscuros quedó expuesta, en toda su magnitud, el pasado fin de semana en Colombia: tres medios, que reclamaban tener, cada cual para sí, informes “exclusivos” que, sin embargo, eran idénticos en contenido y amarillismo, le dieron portada a una fotografía asquerosa (producto de la captura ampliada de una imagen en movimiento), divulgaron papelitos escritos a mano que calificaron como “contabilidad” y publicaron videos sin filtro, en que Monsalve, el testigo clave contra Uribe Vélez, es el protagonista de escenas pornográficas, llamadas así más por grotescas que por sexuales.

Si la memoria no nos falla, en septiembre del año pasado un grupo de indígenas derribó la estatua del conquistador Sebastián de Belalcázar en Popayán, como resultado de un juicio simbólico en el que se le declaró culpable de genocidio, apropiación de tierras y despojo.

En los tiempos de Luis XIV el espejo constituía una verdadera joya pues pocos tenían acceso a mirar su cara y menos ver el reflejo de su cuerpo en un cristal cuya cara posterior estaba cubierta por mercurio o por una plancha de metal.

La imputación a Sergio Fajardo por parte del Fiscal General Francisco Barbosa, deja un sinsabor y desconcierto para todo el país.

Ser hijo de ex presidente no es mérito suficiente, le queda largo camino si quiere que se le reconozca como líder político. La verdad, no está en ceros sino en negativo

El acoso a la maestra Sandra Ximena Caicedo es uno entre los hechos lesivos del uribismo a los trabajadores y la democracia en 26 años de poder