
Hacia 1950, el sindicato de Ecopetrol (la USO) puso sobre la mesa una exigencia inaplazable; mejorar las condiciones de vivienda de los trabajadores, cuyas familias sobrevivían en campamentos precarios en el corregimiento El Centro y en las inmediaciones de la Refinería.
El crecimiento acelerado de Barrancabermeja terminó por desnudar lo inaceptable de esa situación y presionar el desmonte de aquel “gueto”, heredado de la Tropical Oil Company (TROCO), en que se había degradado el campamento.
En respuesta, Ecopetrol emprendió en 1952 un plan piloto de ocho viviendas de un solo piso, ubicadas frente a lo que hoy se conoce como el Parque Quince Letras. De manera curiosa, solo cuatro de estas casas fueron ocupadas, precisamente las esquineras, como si desde el inicio ya se insinuara el papel que jugarían esos espacios en la vida del barrio.

Este experimento inicial dio paso a la construcción por parte del Departamento de Ingeniería Civil del Centro Ecopetrol, de la primera etapa del barrio El Parnaso, culminada en 1956, con un total de 106 viviendas. El proyecto se extendía entre las calles 61y 67 y entre las carreras 18C y 21. incluido la Concentración Escolar N°2 (Infantas o la escuela de los lápices de colores) y los parques quince letras y la torre. Las casas fueron adjudicadas, en su mayoría, a familias numerosas provenientes de los campamentos, muchas de ellas oriundas del Caribe colombiano y de las Antillas, junto con algunas del interior del país.

Pero aquellas familias no solo llegaron con sus enseres. Trajeron consigo su cultura, la música, el baile, la tradición festiva y una alegría expansiva que pronto se hizo sentir en el nuevo barrio. En especial, las casas de esquina, ubicadas tanto en calles principales como en callejones, se transformaron en tiendas y cantinas improvisadas, verdaderos centros de encuentro donde la rumba y la “tomata” eran casi cotidianas. Radiolas, pick-ups y, en ocasiones, agrupaciones musicales en vivo animaban jornadas que se extendían hasta altas horas.
No todos compartían ese entusiasmo. Algunos vecinos provenientes del interior del país, poco familiarizados con ese ritmo de vida, comenzaron a manifestar su inconformidad.
Las quejas no tardaron en llegar a oídos de los directivos de la entonces naciente Ecopetrol, por entonces Intercol, quienes decidieron intervenir.
Cómo Ecopetrol intentó regular la vida barrial a través del diseño de viviendas
La solución no fue social, sino arquitectónica.
El arquitecto Germán Tejeiro de la Torre, asesor de los planes de vivienda, recomendó modificar el diseño en las etapas posteriores del barrio. En consecuencia, para las etapas dos y tres, comunicó esta directriz a la firma constructora Robledo, Drews y Castro, en asocio con los arquitectos Guillermo Bermúdez y Germán Samper.

Entre 1958 y 1963 se introdujo un cambio significativo; las puertas principales dejaron de ubicarse en las esquinas. En su lugar, estos puntos estratégicos fueron destinados a patios. La intención era clara: evitar la instalación de tiendas y cantinas.


La medida se sustentaba en que los trabajadores ya contaban con espacios definidos para sus necesidades; el Club Infantas para el esparcimiento, el comisariato para las compras y la botica, equivalente a una clínica, para la atención en salud.

De este modo, las etapas dos y tres del Parnaso, levantadas entre las calles 61y 67 y entre las carreras 17 y 18C. incluido la Concentración Escolar N°4 (Miramar) y el sector llamado Vietnam, nacieron bajo una lógica distinta; una arquitectura pensada no solo para organizar el espacio, sino también para regular las costumbres.
Y como si la experiencia hubiera dejado su propia enseñanza, en la etapa número cuatro, cuya, construcción fue adjudicada por Ecopetrol, al Instituto de Crédito Territorial, se retomó el diseño original, casas de un solo piso, nuevamente con puertas en las esquinas, construida entre 1959 y 1963, frente a la hoy Policlínica de Ecopetrol y va desde las calles 60 y 66 y entre las carreras 21 y 24. incluido el parque de “los gallos”, y la concentración número 3 (El Parnaso).
Sin embargo, el tiempo y la vida, suelen imponerse a los planos. Casi seis décadas después, la historia daría un giro tan irónico como revelador; en uno de esos patios de esquina, concebidos precisamente para evitarlo, terminó funcionando una cantina llamada, con evidente picardía, “El Patio”.

“El Patio”, la revancha de la esquina
Porque, en el fondo, no se trataba de puertas ni de patios. Se trataba de algo mucho más profundo; la intención de ordenar la vida desde el plano, de domesticar la cultura desde el cemento. Pero los barrios no se diseñan únicamente con reglas ni con escuadras; se construyen con la gente, con sus ritmos, sus memorias y sus formas de habitar el mundo.
El Parnaso lo demostró con el paso del tiempo; se pueden mover las puertas, cerrar las esquinas o inventar patios… pero la cultura, cuando es auténtica siempre termina encontrando por dónde entrar.
Nota: Agradecimientos a: Dr. Jorge Núñez Hernández (QEPD), Sr. Arturo Estupiñán Pertuz (QEPD), Arq. Carlos Alberto Rosas, Lic. Juan de Dios Castilla Amell, Lic. Jesús González, Ing. Jimmy Corena, Familia Molina Martínez, y al combo de amigos esquina de la PRU, Revista de Mares, Universidad Nacional de Colombia, Cavipetrol, y a Inravision.





