
En la iglesia del barrio Palmira de Barrancabermeja perdura, silenciosa y elocuente, la obra de un hombre que hizo del arte su forma de vida y de fe: Jaime Díaz, autor de las estaciones del Vía Crucis que aún hoy acompañan la devoción de los fieles.
Nacido en Honda (Tolima) el 19 de febrero de 1932 y fallecido en Barrancabermeja el 3 de agosto de 1994, Jaime Díaz fue un excelente estudiante, dibujante talentoso y pintor empírico que encontró en la creación artística su sustento y su destino. En su juventud se enamoró de María Edilma Torres, modista, con quien contrajo matrimonio. En 1965 decidieron radicarse en Barrancabermeja, donde formarían una familia numerosa de nueve hijos: Jaime, Rosa, Yaneth, Enrique, Mario, Javier, Jhon, Luis Fernando y Paola.
En el barrio Palmira, muy cerca de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, Jaime Díaz consolidó su vida artística. Vivía de la pintura; realizaba retratos al óleo, obras abstractas, cuadros decorativos y trabajos publicitarios para almacenes y negocios. Su talento también lo llevó a participar en la decoración de carrozas durante las tradicionales fiestas del petróleo, y a vincularse con Ecopetrol, donde desde 1969 obtuvo estabilidad laboral en el departamento de relaciones industriales. Allí, su arte encontró nuevos espacios, como sus ilustraciones para Petronotas, el periódico de la refinería.
Frecuente asistente a la misa dominical, Jaime Díaz fue reconocido por el padre Ignacio Rosero como un artista de especial sensibilidad. A él le confió, en varias ocasiones, la decoración de imágenes durante la Semana Santa, así como la creación de los cuadros del Vía Crucis, que narran el camino de Cristo hacia el Calvario, la llamada vía dolorosa. Estas obras, cargadas de expresión y espiritualidad, permanecen aún exhibidas en la parroquia, como testimonio vivo de su legado.
Bohemio y soñador, solía acompañar sus jornadas de pintura con una copa de vino. Pero, por encima de todo, fue un hombre de profundas cualidades humanas: humilde, responsable y honrado.
Hoy, desde estas líneas, rendimos un merecido homenaje póstumo a este artista barranqueño de corazón, cuya obra sigue habitando los muros de la parroquia Nuestra Señora del Carmen, en el progresista y querido barrio Palmira de nuestra bella Barrancabermeja. Su legado, más que pintura, es memoria y devoción.
Nota; Agradecimientos a los hermanos Diaz Torres.









