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La lucha interna por quedarse con el letrero del Pacto Histórico

La obsesión por retener el letrero del partido a costa de la exclusión de nuevas generaciones no sólo contradice los principios del proyecto progresista, sino que pone en riesgo la legitimidad y la efectividad del movimiento en ciudades estratégicas como Barrancabermeja.

La lucha interna por quedarse con el letrero del Pacto Histórico

Con la reciente inscripción de aspirantes al Congreso bajo el sello del Pacto Histórico, se ha vuelto evidente un fenómeno preocupante: más que un esfuerzo por integrar nuevos cuadros políticos y fortalecer la colectividad, pareciera que la pugna central es por expulsar a quienes podrían abrir espacios a nuevas figuras. 

Lo que debería ser un proceso de inclusión y renovación, se ha transformado en un escenario donde ciertos dirigentes locales buscan aferrarse al letrero del partido, utilizando argumentos excluyentes y cobrando —de manera ilegítima— el supuesto “mérito” de su trabajo político, olvidando que sus funciones tienen carácter obligatorio y que su legitimidad no se mide solo por la posesión de una credencial.

Toda una contradicción 

Este comportamiento contradice de manera flagrante los principios de las listas cerradas que el Pacto Histórico ha promovido: en teoría, estas listas deberían reflejar la voluntad popular y no la imposición de una élite que ha disfrutado del poder durante años. 

El verdadero cambio y el legado que debería impulsar la colectividad radican en la apertura, la formación de nuevos líderes y la integración de jóvenes comprometidos con la política progresista.

El caso de Barrancabermeja

Tomando como ejemplo a ciudades “petristas” como Barrancabermeja, resulta difícil entender cómo el Pacto Histórico cuenta con un solo concejal y carece de figuras visibles que puedan engrosar la lista a la Cámara

Tal vez existan comuneros, presidentes de juntas de corte progresista o líderes barriales con capacidad política, pero ninguno ha recibido el respaldo formal del partido. 

La historia reciente demuestra que la exclusión tiene costos: en las elecciones anteriores, la lista al Concejo casi dejó fuera al candidato del Polo, a pesar de contar con popularidad y base electoral. La falta de construcción de cuadros y de visibilidad de líderes locales pasó factura y evidenció un vacío en la formación política.

Es preocupante que el trabajo de base, fundamental para cualquier colectividad, haya sido prácticamente nulo. 

En lugar de fomentar comités locales, directorios municipales y estructuras que conecten con la ciudadanía, lo que se observa es un afán de protagonismo en redes sociales, sin impactos concretos en la gestión legislativa local ni regional. 

La eficacia del trabajo político debería medirse por la capacidad de transformar la vida de los ciudadanos, no por la intensidad de las arengas virtuales.

Es cierto que muchas personas apoyan las reformas del presidente Gustavo Petro en redes sociales, y para ello no se necesita tener credencial de partido; la militancia auténtica va más allá de la identificación formal. 

¿Qué se espera? 

Sin embargo, se espera que un político con credencial se comprometa con la formación de nuevos cuadros, la creación de espacios de pensamiento crítico, la articulación de jóvenes, mujeres, sindicalistas y minorías, y en general, con acciones que fortalezcan la estructura del partido y no su propio mesianismo.

La controversia actual alrededor de figuras desgastadas políticamente, como Pote Gómez, que buscan un lugar en la lista del Pacto Histórico, es comprensible. 

No obstante, esto no puede justificar la exclusión de jóvenes promesas barranqueñas, progresistas, de origen humilde y con capital político legítimo que merecen oportunidades para crecer y representar al partido. 

Las curules no están hipotecadas a nadie; el pueblo debe decidir, sin bloqueos ni vetos, quién los representa.

Si se analizan los precedentes, el propio presidente Petro abrió las puertas a figuras externas como Roy Barreras, Juan Fernando Cristo y Armando Benedetti, demostrando que la inclusión es posible y necesaria. 

Entonces, ¿por qué negarle la oportunidad a jóvenes con vocación de servicio, capaces de fortalecer el umbral de la lista a la Cámara y dar continuidad al proyecto progresista en Barrancabermeja

Negar ese espacio es contradictorio con la filosofía del Pacto Histórico y amenaza con debilitar su presencia local, justo cuando se necesita consolidar liderazgos y transformar la política regional desde la base.

¿Cuál debe ser la verdadera lucha?

En síntesis, la verdadera lucha del Pacto Histórico debería centrarse en abrir espacios, formar líderes y permitir que la ciudadanía decida a quién quiere como representante. 

La obsesión por retener el letrero del partido a costa de la exclusión de nuevas generaciones no sólo contradice los principios del proyecto progresista, sino que pone en riesgo la legitimidad y la efectividad del movimiento en ciudades estratégicas como Barrancabermeja

La renovación política no es un lujo, es una necesidad, y el partido debe asumirlo con responsabilidad y visión.


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