
La entrevista publicada recientemente en El Heraldo de Barranquilla, en la que el excongresista David Luna lanzó acusaciones sin pruebas contra el gobierno nacional y buscó posicionarse como supuesto adalid en la lucha contra el narcotráfico, ha generado una fuerte respuesta ciudadana.
Para muchos sectores sociales, políticos y académicos, lo expresado por Luna no pasa de ser politiquería disfrazada de discurso moral, un intento desesperado de ganar visibilidad electoral ante la falta de propuestas reales y serias para enfrentar los desafíos de Colombia.
Las declaraciones de Luna se apoyan en frases de cajón, repetidas sin mayor sustento.
Afirmar que “el narcotráfico es el papá de todos los males que estamos viviendo” puede sonar a sentencia categórica, pero ignora deliberadamente la responsabilidad histórica de su propio partido, Cambio Radical, en los problemas de narcopolítica que han marcado la historia reciente del Congreso.
La ironía es evidente
Un dirigente que militó por años en una colectividad salpicada por múltiples casos de parapolítica y vínculos con el narcotráfico, ahora pretende erigirse en juez implacable contra esos mismos males.
La ciudadanía recuerda que Luna, junto con otros líderes de Cambio Radical como Germán Vargas Lleras, respaldó gobiernos que implementaron figuras como la de los “gestores de paz”, hoy criticadas por él con dureza.
Fue durante la administración de Álvaro Uribe, con el cogobierno de Cambio Radical, cuando se crearon estas figuras para negociar con grupos armados ilegales. Ahora, en un acto de oportunismo político, Luna acusa al actual gobierno de “dar gabelas” a narcotraficantes mediante esos mismos mecanismos, sin reconocer la responsabilidad de su sector en la creación de esas políticas.
Otro punto de su discurso que ha encendido las alarmas ciudadanas es el manejo tendencioso de cifras.
Luna se queja de que Colombia produce hoy cerca de 3.000 toneladas de cocaína, frente a las 100 que se producían en los años noventa.
Sin embargo, guarda silencio frente a las cifras récord de incautaciones alcanzadas durante el gobierno de Gustavo Petro, logros reconocidos por organismos internacionales. El excongresista opta por desconocer estos avances, pues su objetivo no es un debate serio sobre cómo enfrentar el problema del narcotráfico, sino la utilización del tema como herramienta de politiquería.
Más grave aún resulta su postura frente a la relación con Estados Unidos.
Luna hace parte de esa clase política que, en escenarios internacionales, se dedica a hablar mal del país, alimentando narrativas que han llevado incluso a la descertificación de Colombia.
Con un discurso que replica sin matices la agenda de la ultraderecha norteamericana, insinúa irresponsablemente que el gobierno Petro estaría en connivencia con el presidente Nicolás Maduro para traficar drogas.
Tales afirmaciones, carentes de pruebas, son más que un exabrupto político: ponen en riesgo las relaciones internacionales y alimentan tensiones que podrían tener consecuencias nefastas para toda Suramérica.
Falso mesías generador de odios
El señalamiento de que Maduro lidera el supuesto “Cartel de los Soles”, presentado por Luna como una verdad incuestionable, carece de sustento judicial y solo reproduce una narrativa diseñada para justificar agendas intervencionistas en la región.
Al repetir esas acusaciones sin pruebas, Luna se convierte en un generador de odio y en un político que antepone sus ambiciones personales al interés nacional.
Resulta paradójico que quien militó en un partido con algunos de los más graves antecedentes de corrupción, parapolítica y vínculos con narcotraficantes, se presente hoy como el salvador de Colombia frente al narcotráfico.
La ciudadanía, sin embargo, no olvida.
Los electores saben que detrás de los discursos encendidos y las frases fáciles se esconde un historial político ligado a prácticas cuestionables, muy lejos de la independencia que ahora pretende exhibir recolectando firmas.
La respuesta ciudadana ha sido clara: Colombia no necesita más políticos que usen el dolor de las víctimas y el problema del narcotráfico como banderas vacías para hacer campaña.
Lo que el país reclama son propuestas serias, responsables y coherentes, no discursos oportunistas que buscan sembrar miedo, dividir a la sociedad y poner en riesgo la paz regional. David Luna, con su entrevista en El Heraldo, no hizo más que recordarle al país que el cinismo político tiene límites, y que los electores cada vez están menos dispuestos a tolerar la manipulación y la mentira.





