
Es frecuente escuchar la afirmación de que el gobierno de Iván Duque contribuyó, a través del estallido social, al triunfo electoral de Gustavo Petro y que, posteriormente, la supuesta soberbia de Petro terminó facilitando el ascenso de Abelardo De La Espriella.
Sin embargo, esta interpretación resulta simplista y, en cierta medida, alimenta la narrativa construida por los sectores de derecha para desacreditar al gobierno progresista.
Más allá de la soberbia
Más que hablar de soberbia, sería más útil analizar aspectos como las fallas en la comunicación política, la falta de una estrategia de mercadeo efectiva y la incapacidad para contrarrestar campañas de desinformación.
Una parte importante de quienes votaron contra el progresismo lo hizo influenciada por noticias falsas y mensajes engañosos, mientras que muchos de los avances alcanzados en materia social, pensional, laboral y económica no fueron suficientemente conocidos ni valorados por la ciudadanía.
Las dificultades encontradas
También es necesario reconocer que buena parte de las dificultades para desarrollar el programa de gobierno estuvieron relacionadas con la fuerte oposición legislativa, judicial y mediática que enfrentó la administración Petro.
De ahí que, reducir las causas de una eventual derrota electoral a un rasgo de personalidad del presidente resulta injusto e impide identificar los verdaderos desafíos del progresismo.
Hay que corregir los errores
Si las políticas económicas y sociales del nuevo gobierno generan inconformidad ciudadana, es posible que resurja un ambiente favorable para las propuestas progresistas. No obstante, ese escenario solo podrá aprovecharse si se corrigen errores estratégicos.
El reto consiste en fortalecer la comunicación con las comunidades, promover una mayor pluralidad informativa, consolidar organizaciones territoriales, incentivar la participación democrática de nuevos liderazgos y, especialmente, desmontar la falsa percepción que vincula al progresismo con grupos armados ilegales, una narrativa que ha sido utilizada reiteradamente para debilitar el respaldo a las reformas sociales.
Una autocrítica seria debe centrarse en estos aspectos y no en explicaciones reduccionistas que terminan favoreciendo a sus adversarios políticos.





