
Para realizar un análisis postelectoral es necesario partir de una premisa fundamental: todo partido o movimiento serio que decide participar en una elección acepta las reglas del proceso, aun cuando considere que estas no son las más imparciales o satisfactorias. De lo contrario, la alternativa sería no participar.
Así las cosas, aceptar el resultado de los escrutinios terminó siendo una obligación política e institucional, aunque persisten dudas y reclamos que no fueron atendidos con la profundidad que exigía la controversia.
Un CNE en contra
Entre los cuestionamientos estuvo la participación del magistrado Álvaro Hernán Prada como conjuez del CNE, pese a que enfrenta un juicio oral ante la Corte Suprema de Justicia por presuntos delitos relacionados con soborno de testigos y fraude procesal, dentro del mismo expediente que involucra al expresidente Álvaro Uribe y cuya contraparte es Iván Cepeda.
Esta circunstancia genera dudas sobre la imparcialidad del proceso.
Los medios tradicionales en contra
También se criticó el papel de los medios tradicionales de comunicación, que amplificaron informaciones falsas provenientes de la campaña de Abelardo De la Espriella, creando un escenario de desigualdad informativa.
Este debate reabre la discusión sobre la necesidad de ampliar las licencias de medios (emisoras y canales de tv) para favorecer una mayor pluralidad de voces.
El algoritmo
A ello se sumaron denuncias sobre una manipulación de los algoritmos de las redes sociales, plataformas que anteriormente habían servido como contrapeso frente a los medios tradicionales.
Aunque hubo una intensa movilización ciudadana en favor de la campaña de Iván Cepeda, esta vez la difusión de contenidos resultó insuficiente frente a campañas de desinformación y operaciones digitales que habrían influido en sectores de la población.
Indiferencia del establecimiento a las denuncias de fraude
Igualmente, se presentaron numerosas denuncias por presunta compra de votos y supuestas irregularidades en mesas de votación, la mayoría ubicadas en Estados Unidos.
Estas denuncias que se ignoraron casi que por decreto, no fueron investigadas de manera exhaustiva ni dieron lugar a una revisión amplia de los resultados, especialmente considerando el estrecho margen de la elección.
El proceso electoral dejó planteado un debate más amplio sobre la vulnerabilidad de las democracias frente a nuevas formas de interferencia política y tecnológica.
El gobierno de Gustavo Petro no fue castigado por el pueblo
Según analistas consultados, fue doblegado por actores extranjeros con capacidad para operar en una capa tecnológica que ningún país en desarrollo controla. Hablamos de tráfico de redes, modelos de inteligencia artificial y agentes automatizados capaces de penetrar sistemas y desplegar operaciones de influencia coordinada; una escala que un Estado pequeño no tiene cómo detectar, auditar ni contrarrestar.
Lo que ocurrió no fue un voto de castigo: fue una asimetría tecnológica.
En ese tablero, De la Espriella no es el jugador: es el agente. Quienquiera que quede al frente del Estado terminará administrando intereses ajenos al país, respondiendo a los diseños de quienes controlan esa infraestructura digital. Mientras esa asimetría persista, la historia se seguirá repitiendo.
La campaña de Iván Cepeda alcanzó la votación más alta para un candidato de izquierda en la historia y, según los reportes oficiales, gastó dieciséis veces menos dinero que la de Abelardo de la Espriella.
Una campaña diferente
Aunque no se logró el objetivo final de la victoria, es imposible calificarla como una mala campaña, especialmente si se considera lo hostil del ecosistema electoral en el que compitió.
Fue una campaña diferente y austera que, con ese estilo propio, logró movilizar de forma inédita a las juventudes, a las organizaciones sociales y a un genuino sentimiento de respaldo popular.
Ante el escenario actual, toca volver a la esencia de la política
De la Espriella ganó con mentiras y trampa. Ahora con las redes sociales intervenidas y manipuladas, y sin el eco de los medios de comunicación tradicionales, la tarea es organizar los cuadros políticos locales.
Es momento de estructurar los directorios municipales y departamentales; de agrupar a los jóvenes, a las mujeres, a las minorías y a la clase trabajadora en frentes sociales amplios.
Toca regresar a las bases y fortalecer los canales de comunicación propios para contrarrestar la propaganda falsa que la derecha promueve tanto en los medios masivos como a través de algoritmos alterados en las redes.





