Inicio Ed. Medio Mag Barrancabermeja perdió sus fiestas: Eljach y Vásquez deben responder

Barrancabermeja perdió sus fiestas: Eljach y Vásquez deben responder

Más allá de sus diferencias políticas, rivalidades y disputas de poder, ambos han sido protagonistas de una etapa en la que la cultura terminó dependiendo excesivamente de las decisiones y prioridades del gobernante de turno.

Barrancabermeja atraviesa una preocupante pérdida progresiva de sus tradiciones culturales, una situación que afecta directamente su memoria colectiva, su identidad y el vínculo entre generaciones.

La desaparición o debilitamiento de celebraciones como el Festival Vallenato, las Fiestas del Petróleo, la Feria Ganadera, la Feria Artesanal, el Festival de Bandas y otras expresiones populares demuestra que la ciudad está dejando perder aquello que durante décadas ayudó a definirla.

Las fiestas tradicionales no son simples espectáculos ni actividades de entretenimiento.

Son patrimonio cultural inmaterial porque contienen conocimientos, prácticas, músicas, costumbres y formas de encuentro que se transmiten de generación en generación. Cuando desaparecen, también se rompe una parte de la memoria de la ciudad.

En esta debacle cultural existen responsabilidades políticas que no pueden evadirse.

Alfonso Eljach Manrique y Jonathan Vásquez tienen que responder políticamente por el deterioro de la agenda cultural de Barrancabermeja.

Más allá de sus diferencias políticas, rivalidades y disputas de poder, ambos han sido protagonistas de una etapa en la que la cultura terminó dependiendo excesivamente de las decisiones y prioridades del gobernante de turno.

La salida de Alianza Petrolera fue otro golpe doloroso.

La indiferencia que, según amplios sectores de la ciudadanía, rodeó este proceso durante la administración de Eljach contribuyó a que Barrancabermeja perdiera un activo deportivo y emocional profundamente arraigado en su identidad.

El problema es aún mayor cuando las celebraciones tradicionales son reemplazadas por eventos coyunturales, costosos y alejados de la participación ciudadana, mientras aparecen cuestionamientos sobre operadores culturales, intermediaciones y posibles irregularidades que deben ser investigadas por las autoridades competentes.

La cultura no puede convertirse en un mecanismo para repartir favores políticos.

Cuando Eljach decidió no realizar el tradicional Fandango de la 24, muchos advirtieron que la cultura no podía depender del gobernante de turno.

Hoy esa misma advertencia debe hacerse a Jonathan Vásquez. La Ley 1185 de 2008 refuerza la importancia de la participación comunitaria en la identificación y protección del patrimonio cultural.

Barrancabermeja necesita una política cultural de largo plazo, recuperar sus fiestas tradicionales y fortalecer las nuevas expresiones nacidas en sus barrios.

Renovarse no significa borrar la memoria.

La ciudad debe dejar de celebrar únicamente lo que otros inventan y reencontrarse con su historia ribereña, petrolera y popular.

Eljach y Vásquez deben asumir el costo político de esta debacle cultural. Solo recuperando su memoria, Barrancabermeja podrá recuperar también el orgullo de ser barranqueña.