Inicio Ed. Medio Mag La tibieza como coartada: del caso Epstein al periodismo cómodo del “centro”

La tibieza como coartada: del caso Epstein al periodismo cómodo del “centro”

Una máscara de moderación que, en el fondo, sirve para conservar intacto el orden existente. Y frente a eso, cada vez más ciudadanos exigen algo distinto: claridad, valentía y una crítica real al poder, no eufemismos cómodos ni silencios cómplices.

Luego de que el periodista Félix de Bedout intentara posar, de manera tibia, como crítico del escándalo mundial de los llamados archivos Epstein, quedó en evidencia una forma de narrar el poder que ya no convence. 

Decir que “una de las cosas más escabrosas de los archivos de Epstein es la sensación de invulnerabilidad que recorre los mensajes de un grupo de personas que se sienten y se saben intocables” no es una denuncia de fondo, sino una descripción suave, casi estética, de un fenómeno brutalmente concreto: la impunidad real de redes criminales sostenidas por élites políticas, económicas y mediáticas.

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Incluso después de la primera y vergonzosa “condena” en Florida contra Epstein, la maquinaria criminal de explotación sexual, tráfico de personas y otros delitos no se detuvo. 

Siguió funcionando con normalidad, protegida por silencios estratégicos, acuerdos judiciales opacos y una institucionalidad que prefirió mirar hacia otro lado. 

Hoy Epstein está muerto, Ghislaine Maxwell permanece detenida en condiciones privilegiadas para alguien acusada de delitos de este calibre en Estados Unidos, y las preguntas de fondo siguen sin respuesta: ¿quiénes eran los clientes?, ¿quiénes protegieron la red?, ¿quiénes se beneficiaron de su silencio?

Gustavo González le canta la tabla a Félix

En ese contexto, la respuesta del analista independiente y activista digital Gustavo González resulta más honesta y necesaria. Al interpelar a De Bedout y decirle que eso que llama “sensación de invulnerabilidad” es impunidad comprobada, González pone el dedo en la llaga. 

No se trata de un clima moral etéreo ni de percepciones subjetivas. Se trata de responsabilidades con nombres propios, de estructuras criminales sostenidas por complicidades activas y pasivas, y de un sistema que garantiza que los poderosos rara vez paguen por sus crímenes.

La tibieza no es neutralidad; es una forma de tomar partido

Y esa forma de hacer periodismo, tan cuidadosa de no incomodar a los círculos de poder, es la misma lógica que ha caracterizado a buena parte del llamado “centro” político en Colombia. 

Personajes como Félix de Bedout han sido implacables al criticar las reformas sociales que buscan beneficiar a las clases populares, pero sorprendentemente blandos cuando se trata de cuestionar el modelo neoliberal rentista que mantiene al país entre los más desiguales del planeta.

El desplome de su credibilidad es evidente. 

Cada día pierden seguidores porque la gente ya no les cree, ya no les “come cuento”. Ese desgaste también alcanza a figuras políticas como Sergio Fajardo y Claudia López, cuyas posturas suelen ser duras frente al progresismo, pero complacientes con las élites económicas. 

Buscan reemplazar a Abelardo 

Hoy, incluso, se disputan la posibilidad de sacar de la carrera al ultraderechista Abelardo de la Espriella no para derrotar ese proyecto, sino para ocupar su espacio en una eventual segunda vuelta, apropiándose del extremo que dicen detestar, pero que necesitan para ganar la presidencia y frenar las reformas sociales.

Así, la tibieza se revela como estrategia

Una máscara de moderación que, en el fondo, sirve para conservar intacto el orden existente. Y frente a eso, cada vez más ciudadanos exigen algo distinto: claridad, valentía y una crítica real al poder, no eufemismos cómodos ni silencios cómplices.


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