
Si Daniel no tuviera los apellidos Samper Ospina lo más seguro es que jamás hubiera tenido oportunidad de publicar en un medio.
Es hijo de un escritor notable y sobrino de un presidente al que le hicieron peor prensa que la que tuvo Petro.
Esas son sus principales virtudes.
Por allá en la primera década del siglo XXI a más de un rolito bien le parecía sarcasmo muy fino, muy elegante, sus columnas en Semana.
Las columnas se parecían unas a otras, eran sátiras basadas en situaciones un tanto grotescas como una frijolada en la casa de José Obdulio.
Eran los años de Uribe presidente, estaban sucediendo los falsos positivos, Uribe violaba la constitución y buscaba un tercer mandato, en esos años Samper Ospina jamás hizo una columna que dejara una frase contundente, lapidaria, que quedara en el inconsciente colectivo y que definiera los abusos de la Seguridad Democrática.
Por incapacidad y por miedo no lo hizo.
Mientras tanto se convertía en el emperador de Soho, la grotesca y misógina revista que ocasionalmente podía publicar una gran crónica.
En el 2015 se acaba Soho, en el 2019 entra Vicky a Semana y Samper Ospina se queda sin tribuna.
Entonces llegó Petro y eso fue positivo para él.
Ya no era necesario que luciera el disfraz del tibio, del hombre de centro.
Samper Ospina lleva cuatro años sacándole jugo a eso del Petroverso y miles de señorones bien, conservadores a los que les gusta pasar por sofisticados, creen que ir a su show los puede ser más inteligentes, que Samper Ospina es como Les Luthiers o Monty Phyton.
Eso se lo dice más de uno de sus aduladores.
Samper Ospina nunca fue un humorista político porque se necesita valor y talento para hacerlo, ahora, a esta falta de cualidades se le suma el odio de niño bien que siente por Petro, la incapacidad de criticar a Trump por sus excesos, el clasismo del que hace gala cuando se refiere a los chavistas que quedan en Venezuela.
Samper Ospina es un cincuentón de derecha capaz de regalarnos imágenes como esta. Su virtud es que es rico.
A la brava nos quiere imponer a un sobrino suyo que es igual de malo que él.
Que quede claro, Samper Ospina no es malo por ser antipetrista, es malo porque no sabe escribir, no sabe hablar y no tiene gracia.
Es tan malo como el público que lo va a ver. Basta ya de esta gente tanto en los medios como en la política. Harto de nepobabys.



