
Resulta llamativo observar cómo los medios de comunicación tradicionales han construido la narrativa de que el llamado “centro político” es el único sector capaz de resolver las diferencias existentes en el país y, además, de inclinar la balanza electoral hacia un eventual ganador.
Esta idea se promueve pese a los discretos resultados obtenidos por dicho sector en la primera vuelta, donde no logró consolidarse como una fuerza determinante en las urnas.
Los supuestos miedos del centro
Lo que más llama la atención es que, después de presentar al centro como una especie de salvador de la democracia y garante de la estabilidad nacional, ahora se intenta convencer a la opinión pública de cuáles son los supuestos temores que lo movilizan.
Según esta narrativa, el principal motivo de preocupación sería el presidente Gustavo Petro, quien se encuentra en la etapa final de su mandato.
La razón de dicho temor radicaría en sus cuestionamientos sobre un posible fraude electoral y su solicitud de que este sea investigado y aclarado. Quien lo creyera que les genera temor cuando pedir transparencia electoral debería considerarse un derecho legítimo dentro de cualquier democracia.
Lo curioso del asunto
Al mismo tiempo, sorprende que ese mismo centro político parezca no inquietarse frente a otros hechos que también generan debate público.
Entre ellos se mencionan la abierta influencia de actores extranjeros en el proceso electoral, las declaraciones agresivas del candidato de la ultra derecha contra sus adversarios, los señalamientos sobre comportamientos inapropiados hacia periodistas y mujeres, así como las controversias relacionadas con el testaferro de Maduro con DMG y paramilitares quienes lo acusan de estafa y robo.
Tampoco parece generar preocupación la transformación constante en el discurso, creencias o posiciones ideológicas según las circunstancias.
Mientras se cuestionan unas conductas, otras son minimizadas o ignoradas.
En ese contexto, surge la pregunta de si los temores atribuidos al llamado centro político responden realmente a principios democráticos consistentes o, por el contrario, a una interpretación selectiva de los acontecimientos políticos del país.





