
La reciente reunión entre el candidato Iván Cepeda y un grupo de empresarios en el Club El Nogal de Bogotá generó un intenso debate político y mediático.
Más allá del contenido del encuentro, la controversia surgió por el cubrimiento realizado por La Silla Vacía, medio que muchos consideran influyente en la discusión pública colombiana.
El artículo publicado por este portal incluyó una frase que rápidamente se volvió viral: “Salí asustado, y todos salimos asustados, pero le reconozco su honestidad”, atribuida a uno de los asistentes.
Para algunos lectores críticos, esta selección editorial no fue inocente.
Consideran que el portal habría optado por construir una narrativa de alarma en torno a las propuestas de Cepeda, generando la percepción de que su presencia causa temor entre los sectores empresariales.
Quienes cuestionan este enfoque argumentan que el medio presentó las opiniones de los empresarios sin ofrecer suficiente contexto sobre sus trayectorias, filiaciones políticas o intereses particulares.
De acuerdo con estas voces, el artículo hace parecer que se trata de ciudadanos comunes sorprendidos por un candidato inquietante, cuando en realidad —según los críticos— muchos de los presentes ocupan posiciones de poder político y económico.
En esa medida, la crítica central es que La Silla Vacía habría contribuido a moldear una atmósfera emocional negativa alrededor del aspirante, más cercana al alarmismo que al análisis informado.
Fuentes anónimas y citas breves
Este señalamiento se fortalece cuando los detractores del cubrimiento afirman que el medio utilizó fuentes anónimas y citas breves desprovistas de explicación.
Para ellos, esto genera la sensación de que hay un consenso empresarial de preocupación, sin mostrar voces que pudieran haber salido optimistas o satisfechas con la conversación.
La ausencia de contraste informativo alimenta la percepción de que el portal buscó destacar solo aquellas frases que reforzaran un mensaje de miedo.
Aunque el periodismo suele recurrir a fuentes reservadas para proteger a los informantes, los críticos sostienen que en este caso el recurso terminó debilitando la claridad de la información.
El debate también toca un punto más amplio: la credibilidad de los medios tradicionales en Colombia.
Para muchos ciudadanos, publicaciones como esta profundizan la sensación de que parte de la prensa actúa desde posturas políticas poco transparentes o que privilegia la especulación y el énfasis emocional por encima del contexto.
Desde esta perspectiva, el cubrimiento de La Silla Vacía sería un ejemplo de cómo la narrativa mediática puede moldear percepciones públicas mediante selecciones informativas sesgadas.
Sin embargo, más allá de las críticas, lo cierto es que un cubrimiento equilibrado habría incluido no solo las voces que salieron “asustadas”, sino también las de quienes pudieron percibir la reunión como una oportunidad de diálogo.
Mostrar pluralidad habría permitido una lectura más justa y completa del encuentro.
En contextos políticos tan polarizados como el colombiano, la responsabilidad informativa implica precisamente evitar reforzar temores o prejuicios sin una explicación sólida.
En suma, el episodio reabre la discusión sobre el papel de los medios en campañas electorales y sobre la importancia de un periodismo riguroso que informe, contraste y contextualice, en lugar de amplificar emociones.
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