
A lo largo de las últimas décadas, el modelo neoliberal ha marcado profundamente el rumbo político, económico y social de Colombia. Su permanencia ha configurado un país donde la desigualdad se ha ampliado al punto de ser una de las más altas del planeta, según múltiples mediciones internacionales.
Proyecto de país que queremos
En este contexto, el debate electoral se convierte no sólo en una contienda por el poder institucional, sino también en una disputa por el sentido del proyecto de país.
El argumento central que ha surgido desde diversos sectores sociales y políticos sostiene que ningún aspirante a la presidencia puede reclamar el fervor del pueblo colombiano si insiste en perpetuar un modelo que ha sido percibido como excluyente, privatizador y orientado a convertir derechos fundamentales en bienes de mercado.
Ojo con los tibios, son más de lo mismo
Aunque algunos precandidatos intenten presentar sus propuestas envueltas en discursos técnicos sobre salud, seguridad, infraestructura o anticorrupción, existe la percepción de que, sin un replanteamiento profundo del modelo económico, dichas propuestas no pasan de ser una nueva capa de barniz sobre las mismas lógicas que han concentrado riqueza y debilitado la protección social.
Esto lleva a una crítica adicional: el uso del concepto de polarización como herramienta discursiva.
Unas campañas aseguran que su objetivo es superar dicha polarización, sin embargo, para quienes cuestionan el neoliberalismo, esta narrativa puede verse como un intento de ocultar el verdadero conflicto político: la confrontación entre un modelo que prioriza la rentabilidad privada y quienes buscan fortalecer los derechos sociales y colectivos.
Presentar este debate como una simple disputa emocional o ideológica invisibiliza, en esta lectura, las estructuras profundas que sostienen la desigualdad.
La discusión sobre qué tipo de país construir adquiere relevancia especial frente a las reformas sociales impulsadas por el gobierno de Gustavo Petro, orientadas —según sus defensores— a recuperar derechos que se habrían debilitado bajo administraciones anteriores.
Desde esta perspectiva, no basta con candidaturas que se presenten como moderadas, técnicas o de buenos modales.
Para quienes ven en esta contienda una lucha por revertir décadas de privatización y recorte de beneficios sociales, lo esencial es determinar si un proyecto político se compromete con transformaciones estructurales o si pretende mantener la arquitectura neoliberal existente.
En esta visión crítica, lo que está en juego en las próximas elecciones no es simplemente un cambio de figuras en el poder, sino el rumbo de un país que enfrenta desafíos sociales acumulados durante generaciones.
La discusión, entonces, gira en torno a si Colombia optará por continuar un modelo económico que ha beneficiado principalmente a élites empresariales o si buscará reconstruir un pacto social basado en la ampliación de derechos, la equidad y la justicia social.




