
La reciente intervención de la defensora del Pueblo, Iris Marín, abre un debate necesario sobre la forma en que se perciben y se comunican ciertos mensajes en espacios públicos de gran relevancia.
Ella propuso un ejercicio hipotético para evidenciar cómo se sentiría la sociedad si una mujer en un cargo de poder hiciera comentarios sobre la apariencia física de sus subalternos hombres, en tono jocoso y con insinuaciones personales.
Su reflexión busca poner sobre la mesa una pregunta clave
¿Existe un trato diferenciado cuando se trata de hombres y mujeres en la esfera pública?
En el caso que nos ocupa, el comentario del presidente hacia una funcionaria de su gabinete ha sido interpretado de distintas maneras.
Algunos lo califican como un gesto machista que trivializa el rol de una mujer en la administración pública, mientras que otros lo ven como una reacción frente a los ataques de los medios de comunicación, quienes han insistido en insinuar relaciones sentimentales para restar mérito a las funcionarias jóvenes cercanas al mandatario.
Ahora bien, resulta válido preguntarse
¿Qué es más reprochable, el comentario presidencial o la narrativa persistente de algunos sectores mediáticos?
Si miramos en detalle, el presidente no inventa la insinuación, sino que se refiere a ella como una manera de exponer el machismo con que la prensa ha intentado descalificar a su equipo de trabajo.
El problema de fondo está, entonces, en la manera en que los medios tradicionales han construido estereotipos que vinculan el ascenso de mujeres jóvenes a factores sentimentales o de atracción física, y no a sus capacidades profesionales.
Por supuesto, señalar la belleza de una funcionaria en un evento oficial no es lo más oportuno.
La política, los programas de gobierno y la acción pública deberían discutirse con argumentos técnicos y logros verificables, no con alusiones a la vida personal o a la apariencia.
Es comprensible que muchas personas lo interpreten como un gesto que refuerza el machismo estructural: se corre el riesgo de reducir a la mujer a su aspecto físico y no a sus aportes.
Sin embargo, el contexto obliga a mirar también el otro lado de la moneda
Se trató de una reacción frente a ataques externos que, en su raíz, son aún más machistas y despectivos.
La defensora Marín plantea que nunca se ha visto un escenario similar con un funcionario hombre, y tiene razón.
Ningún miembro masculino del gabinete ha sido cuestionado en medios por su atractivo físico ni ha sido señalado de obtener su cargo por supuestas relaciones sentimentales. Esa asimetría evidencia que la crítica pública contra las mujeres en política no se mide con la misma vara que contra los hombres.
La sola pregunta “¿y si hubiera pasado con un hombre?” desnuda la desigualdad que todavía impera.
Se abre el debate
Más allá de si el comentario presidencial fue un error, un mal chiste o una defensa torpe, lo verdaderamente importante es el debate que se abre.
Necesitamos avanzar hacia una cultura política en la que tanto hombres como mujeres sean valorados por sus logros, sus capacidades y su compromiso con el servicio público, no por su físico ni por rumores personales.
La democracia gana cuando la ciudadanía centra la atención en las políticas públicas, en los programas implementados y en los resultados obtenidos, en lugar de caer en dinámicas de farándula o en discursos sexistas.
El llamado debe ser doble
Al gobierno, para que sus líderes y representantes mantengan el respeto y la altura en los escenarios públicos, evitando cualquier comentario que pueda ser interpretado como una descalificación; y a los medios de comunicación, para que abandonen prácticas machistas que reducen a las funcionarias a caricaturas de su vida íntima, en lugar de reconocer su trabajo.
Puede que sí, puede que no
Puede ser visto como un gesto machista, pero también puede entenderse como un intento de visibilizar una crítica injusta y sexista que sufren las mujeres en política.
Lo que no admite discusión es la necesidad de superar este tipo de controversias para centrarnos en lo que realmente importa: los avances, las reformas y los cambios que el país necesita, liderados por un gabinete diverso en género, edades y trayectorias.





