Inicio Alberto Cotes DÉJÀ VU – Por Alberto Rafael Cotes Acosta

DÉJÀ VU – Por Alberto Rafael Cotes Acosta

“Quien vota a los corruptos los legitima, los justifica y es tan responsable como ellos.” JULIO ANGUITA

Por definición el Déjà vu es una alteración de la memoria o paramnesia que provoca la sensación clara e inequívoca de haber vivido o experimentado una situación presente previamente, a pesar de que en realidad ocurre por primera vez.

Hace varios días tengo esa sensación con ocasión de la campaña política, es una sensación además de extraña, inquietante, porque me lleva a augurar un futuro muy complicado para Colombia y porque además demostraría que nuestro país no tiene memoria y vive en un bucle de violencia que no parará si los ciudadanos no acuden a esa memoria colectiva que no tendría porque olvidarse.

Lo que me pasa es que yo si tengo en la memoria lo que fue la campaña política para la presidencia del año 2002, que terminó ganando el señor Alvaro Uribe Vélez.

Esa campaña se la disputaron dos candidatos, Álvaro Uribe Vélez, hasta ese momento un desconocido políticamente a nivel nacional, de hecho empezó con el 2 % de intención de voto, y que venía de ser gobernador de Antioquia y con un sombrío pasado que quizás se suscribía a su propio departamento (Antioquia) con denuncias de connivencia con el paramilitarismo, del asesinato de su más cercano asesor, de una humilde trabajadora del Aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, de la complicidad con masacres o por lo menos omisión en las masacres del Aro, Itangúo o Las Granjas, fantasmas que hasta hoy lo persiguen.

Del otro lado, estaba Horacio Serpa Uribe, un político liberal, del ala progresista o de izquierda si se quiere, quien de hecho fundó en el Departamento de Santander el FRENTE DE IZQUIERDA LIBERAL AUTÉNTICO – FILA, de hecho inició ese movimiento en la ciudad de Barrancabermeja donde fue Juez de Municipal, Alcalde y desde esa plataforma política alcanzó las más altas dignidades en Colombia, Representante a la Cámara, Senador, Ministro de Estado y Gobernador de su Departamento. Sin embargo, era visto con desconfianza y temor por la clase empresarial y si no invisibilizado o puesto en ridículo por la prensa tradicional

Al señor Uribe Vélez lo acompañó en su campaña política el aparato paramilitar, no solo con dinero, si no con las armas, poniendo estás sobre las cabezas de humildes ciudadanos con la orden de “Votan por Uribe o se mueren”, lo dicho corresponde a la verdad judicial probada, para que no me salgan ahora que me van a demandar por injuria y calumnia, y lo segundo lo de la amenazas a los ciudadanos, lo viví personalmente en la ribera del bajo Magdalena siendo yo trabajador de Cormagdalena, entre otras, entidad que Uribe Vélez trató de acabar porque dizque era un “nido de Serpistas”.

Serpa Uribe por el otro lado, vio como toda la clase política tradicional, y en especial su partido, el partido liberal lo traicionó y se juntó alrededor de Uribe Vélez. Públicamente Serpa Uribe denunció el apoyo paramilitar a la campaña contraria, por lo cual fue tratado de exagerado y hasta de loco y finalmente terminó perdiendo por goleada, mientras el mundo político, empresarial y comunicacional rodeaban al candidato del paramilitarismo y lo cubrían con un manto al que los medios de comunicación llegaron a llamar “el teflón de Uribe” porque así hubieran denuncias, nada lo inmutaba, nada movía a sus votantes (en la campaña) y luego a sus aliados en el gobierno.

El tiempo le dio la razón a Serpa Uribe, finalmente Uribe Vélez ganó la presidencia, cambió mediante maniobras corruptas un “artículito” de la constitución, se hizo reelegir y trató de quedarse infinitamente en el poder, pero afortunadamente la Corte Constitucional le tumbó la vaina.

Más del 35 % del Congreso aliado de Uribe fueron de una u otra manera impuestos por el paramilitarismo, muchos juzgados y puestos presos, mientras él como presidente les decía a sus congresistas, que mientras no estuvieran en la cárcel votaran sus proyectos. Con los años los Colombianos hemos conocido no solo eso, si no los asesinatos de miles de jóvenes quienes único pecado era ser pobres, disfrazados de guerrilleros y presentados como bajas en combate, para mostrar que se estaba ganando la guerra.

Hoy la historia parece calcada, un candidato de izquierda, víctima de la violencia, al que le asesinaron a su padre por paramilitares en alianza con funcionarios de gobierno, al que los empresarios le temen, los políticos tradicionales se alían con el otro candidato, la prensa hegemónica lo invisibiliza, lo ataca, lo ridiculiza, mientras al otro candidato le crean un aura de salvador y no le controvierten, no le contra preguntan, ni aún cuando los ofende (a los periodistas) en vivo y en directo y horario prime.

Y ese otro candidato, es presuntamente apoyado por el paramilitarismo, toda la clase política tradicional está con él y sus propuestas principales conllevan indefectiblemente a la pérdida de derechos de amplios sectores ciudadanos y quien además ofrece no solo mano dura contra los delincuentes, si no “destripar” a todo aquel que se identifique con la izquierda política – como si ya no hubiéramos tenido suficientes muertos en Colombia – candidato además que tiene un pasado sombrío, que empezó a conocerse públicamente en Santa Fe de Ralito como asesor de los paramilitares, y quien es acusado por distintos clientes de no brindar una buena asistencia jurídica y de robarlos, entre ellos mi paisano Mono Abello, pero donde aparecen diferentes personas que fueron defendidos por él.

Todo un Déjà vu, que espero no se repita con la elección de ese personaje de la extrema derecha, pero yo, lamento mucho y a pesar de que muchos grandes amigos hoy me tratan despectivamente de “zurdo”, y sospecho que internamente de guerrillero o cosa peor, no poder quedarme callado sin recordar la historia no tan lejana y que ha dejado la perpetuación de la guerra y miles y miles de muertos en nuestro suelo.

Por eso, votaré por la vida, votaré por Cepeda.