Inicio Política Sergio Fajardo: tibieza ante el saqueo neoliberal, duro contra las reformas progresistas

Sergio Fajardo: tibieza ante el saqueo neoliberal, duro contra las reformas progresistas

El país no necesita políticos que pretendan quedar bien con todos mientras hacen oídos sordos al saqueo histórico del uribismo y de la derecha empresarial. Necesita liderazgo claro, compromiso con la justicia social y la valentía de enfrentar a los verdaderos responsables de la crisis.

La discusión política ha tenido como protagonista al eterno candidato Sergio Fajardo, un viejo político que en el pasado se presentó como una alternativa “diferente” frente a la confrontación entre la derecha uribista y el progresismo

Sin embargo, sus más recientes pronunciamientos revelan una postura que, lejos de aportar soluciones reales, parece minimizar los problemas estructurales del país reduciéndolos a una supuesta “polarización”. 

Este enfoque, por decir lo menos, es ingenuo o deliberadamente evasivo.

Cuando Fajardo plantea que el gran obstáculo para Colombia es el enfrentamiento entre Uribe y Petro, transmite la idea de que los males nacionales no provienen de décadas de políticas neoliberales, corrupción sistémica y concentración de poder económico, sino de la existencia de un debate político fuerte. En otras palabras, presenta la polarización como causa y no como consecuencia.

Pero la realidad es distinta. La polarización no es el problema central: es una reacción, a veces visceral, de un pueblo que ha vivido bajo un modelo económico y social diseñado para beneficiar a unos pocos. 

¿Cuáles son los verdaderos problemas?

Un sistema donde la salud está en manos de EPS que lucran con la enfermedad, donde los peajes y concesiones viales enriquecen a contratistas y conglomerados privados, donde las tarifas de energía son fijadas sin control real, y donde las pensiones sirven más para alimentar el negocio financiero que para garantizar la vejez digna de los trabajadores.

Reducir todo esto a un simple “problema de polarización” es como decir que la fiebre es la enfermedad, ignorando la infección que la provoca. En este caso, la infección es un modelo neoliberal que ha desangrado al país. 

La verdadera disyuntiva que el pueblo colombiano debe afrontar no es si nos polarizamos o no, sino si seguimos bajo el mismo esquema de explotación o si apostamos por reformas profundas que modifiquen las estructuras injustas.

En este sentido, las opciones son claras:

1. Respaldar reformas sociales que transformen la salud, la energía, el sistema judicial, el régimen pensional, la política laboral y luchen contra la corrupción, como plantea el progresismo.

2. Mantener el statu quo neoliberal defendido por la derecha y por figuras “tibias” como Fajardo, donde los grandes empresarios actúan como señores feudales y el pueblo tributa para engordar sus fortunas.

Que pretenden esconder Fajardo

El discurso de Fajardo carece de posiciones firmes contra los monopolios de EPS, pensiones, concesiones viales, sector financiero y asegurador. 

No hay en su propuesta una sola reforma que recupere lo que estos grupos le han robado al país por décadas. Tampoco se atreve a denunciar con fuerza los abusos del Grupo Empresarial Antioqueño (GEA) ni el saqueo tributario que estos han promovido.

Esto genera dos posibles lecturas: o Fajardo realmente desconoce la magnitud del problema —algo difícil de creer en un excandidato presidencial— o simplemente opta por encubrirlo, revestido de buenos modales y un discurso aparentemente “racional” que termina favoreciendo a los mismos de siempre.

Cambiar todo para que todo siga igual 

Esa posición ambigua equivale a proponer cambios superficiales para que todo continúe igual, solo que con él y sus aliados en el centro del poder. Se trata de una falsa neutralidad que, en la práctica, blinda los intereses de las élites económicas y políticas.

Colombia no saldrá adelante con tibiezas frente al neoliberalismo y mano dura contra las reformas sociales. 

El país no necesita políticos que pretendan quedar bien con todos mientras hacen oídos sordos al saqueo histórico del uribismo y de la derecha empresarial. Colombia necesita un liderazgo claro, compromiso con la justicia social y la valentía de enfrentar a los verdaderos responsables de la crisis.

La moderación que propone Fajardo no es un punto medio virtuoso, sino un disfraz para perpetuar el sistema. Y en este momento histórico, disfrazar la realidad es una forma de complicidad.


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