
En los últimos años, el fútbol femenino colombiano ha ganado notoriedad a nivel internacional, destacándose como una de las selecciones más prometedoras de América Latina.
Las «Chicas Superpoderosas«, como se les ha denominado popularmente, han dejado una huella importante en las competiciones internacionales, logrando alcanzar instancias finales y desafiando a potencias futbolísticas como Brasil y Argentina.
Sin embargo, a pesar de su indiscutible talento y dedicación, Colombia se ha visto una y otra vez superada en la instancia decisiva, lo que ha abierto un debate sobre las razones detrás de este fenómeno:
¿Por qué las colombianas nunca logran coronarse campeonas?
El fútbol colombiano, tanto en su versión masculina como femenina, ha vivido históricamente bajo la sombra de las grandes potencias del continente, como Brasil y Argentina.
En el caso de las mujeres, aunque la selección ha mostrado un nivel competitivo impresionante, siempre llega hasta la final y se ve superada por estos dos equipos. Este patrón se repite en varias competencias internacionales, y parece ser una constante en la historia del fútbol femenino colombiano.
El análisis de este fenómeno va más allá de la simple competencia deportiva.
Aunque las jugadoras colombianas han demostrado un rendimiento destacado en los partidos previos a la final, la gran barrera sigue siendo la final misma.
Aquí es donde se presentan varios factores a considerar. Por un lado, el desempeño de los equipos rivales, Brasil y Argentina, sigue siendo de altísimo nivel.
Ambas selecciones tienen una tradición futbolística que ha sido construida durante décadas, con una infraestructura mucho más sólida, mayor inversión y una cultura futbolística profundamente arraigada.
Colombia, en comparación, aún está en proceso de consolidar su estructura futbolística, lo que coloca a las «Chicas Superpoderosas» en una posición desventajosa cuando se enfrentan a estas potencias.
No obstante, el problema no solo reside en el plano técnico o táctico.
El verdadero desafío para el fútbol femenino colombiano radica en la actitud y gestión de la dirigencia deportiva. A pesar de los logros obtenidos por las jugadoras, quienes son un ejemplo de profesionalismo y pasión, la dirigencia sigue siendo una piedra en el zapato para el crecimiento y el éxito de este deporte en el país.
La falta de apoyo institucional, el escaso presupuesto y la constante invisibilización del fútbol femenino son cuestiones que no se pueden ignorar.
El entorno institucional está marcado por actitudes retrógradas que siguen afectando al fútbol femenino.
La homofobia y la misoginia son problemas que persisten dentro de la dirigencia deportiva colombiana, lo que se traduce en una falta de apoyo real a las jugadoras.
En lugar de enfocarse en crear un modelo de negocio rentable para el fútbol femenino, muchos directivos siguen aferrados a prejuicios y estructuras arcaicas que no favorecen el desarrollo del deporte.
Estos comportamientos no sólo son injustos, sino que también son perjudiciales para el crecimiento de una generación de futbolistas talentosas que necesitan un entorno profesional y respetuoso para prosperar.
¿Qué hacer para ganar?
Si realmente se quiere ver a la selección femenina de fútbol de Colombia superar a Brasil y Argentina en futuras competencias, es crucial un cambio de mentalidad en la dirigencia.
El fútbol no solo debe ser una cuestión de talento dentro del campo, sino también una cuestión de estructura y visión fuera de él.
Es imperativo que se dé paso a una dirigencia moderna, profesional y respetuosa de la diversidad, que sea capaz de gestionar el fútbol femenino como un negocio rentable, y que apoye a las jugadoras sin caer en prejuicios de género ni orientación sexual.
Solo así Colombia podrá competir de manera más equitativa con las potencias del fútbol mundial y, con el tiempo, alcanzar la gloria que se le ha escapado tantas veces.





