
Aquí no comprendemos la lógica del asalariado, clase trabajadora militante de derecha. Es desconcertante que se alinee con los intereses de sectores empresariales que protestan por perder privilegios, aun cuando esas reformas podrían mejorar directamente su calidad de vida.
Lo que sí tenemos claro es que no nos identificamos con los privilegios de unos pocos, sino con las luchas históricas de una mayoría que ha sido marginada, invisibilizada y usada cada cuatro años para llenar urnas, pero olvidada el resto del tiempo.
Las corruptas EPS
Cuando vemos que un gobierno le quiere quitar la intermediación financiera a unas EPS corruptas que, durante años, se han embolsillado cerca de 100 billones de pesos mientras los colombianos mueren en las salas de espera o hacen filas eternas por un medicamento, no dudamos en apoyar ese gobierno reformador.
Sabemos que eso puede molestar a algunas familias poderosas dentro de Cambio Radical, que han hecho fortunas a costa del sufrimiento ajeno, pero aquí no tenemos compromisos con esos intereses.
Reforma Pensional
Si nos dicen que se va a eliminar la intermediación de los Fondos Privados de Pensiones, esos que jamás pensionaban a quien ganara menos de 2.5 salarios mínimos —es decir, la mayoría de los trabajadores colombianos—, pero que sí generaban las mayores utilidades entre las empresas del país, nos parece justo.
Si un gobierno decide que ese dinero debe servir para garantizar pensiones dignas y no para engordar los bolsillos de los dueños de los medios que hoy nos critican, nosotros lo apoyamos, sin miedo ni ambigüedad.
El tema de los pasaportes
Cuando se anuncia que el monopolio del manejo de pasaportes, la papelería electoral y el software de escrutinios ya no estará en manos de dos expresidentes y una excanciller, y que pasará a una imprenta nacional donde cualquier fuerza política pueda auditar públicamente el proceso electoral, también nos parece bien.
Que eso incomode a los dirigentes del Partido Conservador o del Partido de la U, es otra cosa. Aquí estamos del lado de la transparencia.
Salario mínimo y reforma laboral
Si un gobierno sube el salario mínimo, garantiza más beneficios laborales a la clase trabajadora y, a pesar de las advertencias del gremio empresarial, la economía sigue creciendo, nosotros celebramos.
Porque significa que el país puede avanzar sin tener que explotar al trabajador. Que eso incomode a ciertos gremios acostumbrados a poner sus utilidades por encima de la dignidad humana, no nos preocupa. Aquí estamos con la gente, no con los balances de las multinacionales.
Entrega de tierras y decomisos de droga
Cuando los grandes terratenientes pierden tierras obtenidas de forma irregular —muchas veces heredadas del narcotráfico— y esas tierras se reparten a campesinos que las hacen producir, bajan los precios de los alimentos y aumentan las exportaciones agrícolas, también lo celebramos. Aunque eso incomode a ciertos sectores del Centro Democrático, aquí nos alegra ver al campo vivir.
Si se incrementan los decomisos de droga en regiones donde antes reinaba la impunidad, aunque eso moleste a sectores oscuros del poder político, nosotros lo vemos como un paso hacia la justicia y la legalidad.
Educación pública
Y cuando aumenta la oferta de cupos universitarios gratuitos en universidades públicas, sabiendo que por décadas el dinero público fue a parar a universidades privadas de élite, eso también lo apoyamos. No porque seamos de izquierda, sino porque creemos que el conocimiento y el futuro no pueden depender del nivel de ingresos de una familia.
Podríamos seguir enumerando transformaciones que benefician al pueblo y molestan a los poderosos. Eso no nos hace de izquierda, o al menos no de la izquierda que nos quieren endilgar nuestros detractores.
Una desconexión total
Nuestra brújula no se mueve por ideologías rígidas, sino por principios de justicia, equidad y dignidad.
La contradicción del asalariado uribista revela una desconexión entre sus propias necesidades y las narrativas políticas que consume.
Tal vez influye el miedo al cambio o una fidelidad ideológica que les impide ver los beneficios concretos. Es urgente reflexionar sobre cómo la información, el discurso mediático y la educación cívica moldean percepciones que pueden ir en contra de sus propios derechos.





