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Coronavirus, una parte apenas del problema – Por: Juan Manuel López

Coronavirus, una parte apenas del problema – Por: Juan Manuel López En Colombia, el aislamiento mediante ordenes es ineficiente, más se puede lograr con la motivación personal, mientras se dedican esfuerzos a contrarrestar el deterioro económico.

 

La pandemia del coronavirus como enfermedad no viene sola sino acompañada de varios otros males globalizados, como el colapso de los sistemas de salud, el descalabro de las economías y sobre todo la tragedia del desempleo.

 

No todos los países tienen la misma institucionalidad política ni las mismas condiciones socioeconómicas para enfrentarlos.

 

Mientras exista el virus y haya contactos habrá contagio y se multiplicarán el número de enfermos; hasta que aparezca la vacuna, como no podemos desaparecer el virus, del número de contactos depende la velocidad como se expande la pandemia.

 

Limitar esa velocidad y mejorar la eficiencia o capacidad del sistema de salud son los medios para enfrentar la enfermedad.

 

La mejor solución que sería el aislamiento de los portadores depende de la capacidad de implementarla: primero de detectarlos y después de confinarlos. Con masificación de test y ataque desde los primeros casos lo hicieron los países con más éxito en su manejo (Corea del Sur, Alemania, Singapur, Taiwán, Japón, China).

 

La cuarentena de toda la población -sanos y enfermos- no sirve lo mismo; puede que ralentice algo la velocidad del contagio, (‘aplanar’ la curva), pero a costos y males mucho mayores (la insuficiencia de pruebas, y la demora en enfrentar el problema obligaron esta solución a Italia, España, Francia)

 

Si al momento de iniciarla un grupo bastante grande de la población ya tiene la enfermedad, lo más probable es que en cada familia encerrada se contagien todos o la mayoría de los miembros; entonces al final del confinamiento buena  parte de la población total seguirá contaminada y será portadora; prolongar la cuarentena por una ‘poscuarentena’, esperando que por recuperación o muerte disminuyeran los portadores no cambia el potencial de individuos susceptibles de enfermar y solo difiere la continuación de la pandemia, pero implicaría costos económicos y sociales exponencialmente mayores.

 

Como los países se diferencian en sus modelos políticos, en sus correspondientes disciplinas ciudadanas, en las capacidades económicas, y en las estructuras sociales, dependería de las condiciones de cada uno la forma del tratamiento a dar.

 

Los países en desarrollo se caracterizan no solo por su escasez de recursos sino por su fragilidad política , y sobre todo por su inequitativa estructura social. Siendo los más vulnerables en sus economías, son los más afectados por esa otra pandemia que es el aumento del desempleo.

 

El dilema que afrontan sus gobiernos es ¿Cuánto se gana disminuyendo la velocidad de la propagación para mejorar la capacidad de los sistemas de salud o diferir su colapso (ya que es lo único posible), comparado con cuánto será el efecto de paralizar la economía, en especial en el aspecto del desempleo?

 

 

Toca buscar lo que llaman ‘aislamiento inteligente’, es decir la fórmula que optimice los resultados pero minimizando los daños

 

 

Ante la imposibilidad de implementar efectivamente una cuarentena ideal debido a la cantidad de excepciones que toca aplicar – y ante la escasez de kits para encontrar y seleccionar los portadores- la expectativa de que con la ampliación en el tiempo se controle la pandemia no existe, y la mejor esperanza es disminuir en algo la velocidad de contagio.

 

Por el lado del mayor desempleo sus efectos son el aumento de pobreza, desigualdad y violencia (lo cual además deja pocas dudas de que, en comparación a las que produce el virus, a la larga se reflejará en más muertos).

 

Toca buscar lo que llaman ‘aislamiento inteligente’, es decir la fórmula que optimice los resultados pero minimizando los daños, a comenzar por la del número de muertes, siendo esto lo que en últimas define la gravedad de una pandemia. Para ello se debe partir de que la letalidad es del orden del 1 % al 3 % de los infectados, y que probablemente no se llegue a que se enferme el 10 % de la población, o sea menos de 1 muerto por 1.000 habitantes.

 

Con las realidades colombianas, el obligar el aislamiento mediante ordenes oficiales es ineficiente, y más se puede lograr con la motivación personal para que cada uno se proteja, apelando a enfatizar que es uno mismo quien corre peligro. En cambio, se deben dedicar más esfuerzos a contrarrestar el deterioro de la actividad económica, usando la receta keynesiana de insuflar liquidez al mercado mediante grandes déficits fiscales destinados a generar empleos en inversiones sociales y de infraestructura.

 

 

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