Política pública por la civilidad – Por: Alberto Rafael Cotes A

Política pública por la civilidad – Por: Alberto Rafael Cotes A“La civilización existe porque existe la civilidad como principio de convivencia
Carlos Castillo López

 

Define la Real Academia de la Lengua que CIVILIDAD: es el Comportamiento de la persona que cumple con sus deberes de ciudadano, respeta las leyes y contribuye así al funcionamiento correcto de la sociedad y al bienestar de los demás miembros de la comunidad.

 

Nuestra sociedad ha perdido ese valor fundamental de la Civilidad, no sé, si favoreció a eso el hecho de que, desde el Gobierno Nacional, hace muchos años, los que tienen que ver con la Educación de nuestros niños y jóvenes quitaron de los programas educativos de las escuelas y colegios públicos (y también privados) materias como Cívica, Comportamiento y Salud, Orientación Profesional e incluso Religión o Catecismo. Aunque soy un liberal de pensamiento por lo que promuevo y promulgo las libertades individuales, es indudable que muchas de esas “libertades” han sido mal utilizadas o interpretadas, en detrimento del buen comportamiento ciudadano.

 

Esa situación, además de aumentar los índices de violencia en el país, genera constantes conflictos entre los ciudadanos, situación que se evidencia con más fuerza en las calles, puesto que en ellas todos somos iguales. Si nos fijamos en la definición podemos constatar que las situaciones de conflictos, en su gran mayoría son generadas por no atender lo que significa la CIVILIDAD, a saber:

 

-. La mayoría de los ciudadanos no quiere cumplir con sus deberes ciudadanos, somos bastante exigentes para reclamar nuestros derechos, pero la verdad bastante flojitos para cumplir con nuestros deberes, y así vemos, como un gran porcentaje de ciudadanos, no quiere pagar impuestos, no está al día con los documentos de sus vehículos, no atiende las normas de convivencia, no atiende las normas de tránsito, etc.

 

-. Así mismo, la mayoría de los ciudadanos, sobre todo los jóvenes hemos perdido el respeto a todo y a todos. Es así como, no se respeta a los ancianos, ni a los niños, ni a las mujeres, no se respeta a la autoridad, no se respeta las filas, no se respeta el espacio público, etc.

 

-. Esas conductas, indudablemente llevan a que no haya una contribución real al funcionamiento correcto de la sociedad y se afiance en la ciudadanía la “cultura” del más vivo, del más fuerte, del más osado, del más tramposo.

 

Pero ¿qué hacer ante esa situación? Indudablemente que la cosa tiene que comenzar en casa, en el seno de la familia, en donde hay que inculcar a los niños y jóvenes valores éticos, que contribuya a forjar mejores ciudadanos. De otra parte, aunque entiendo que la transformación de la educación en el país no es cosa de un municipio y mucho menos de una administración, si es deber de las diferentes administraciones, tratar de inculcar en sus ciudadanos estos valores de respeto, cumplimiento de deberes y contribución al bienestar común y al correcto funcionamiento de la sociedad.

 

Soy muy escéptico con eso que se puso de moda hace unos años que llaman “Cultura Ciudadana”, creo que ese concepto, ha sido tan manipulado, tan tergiversado, que como dirían mis compañeros de estudios “se lo perratearon”, de tal manera que los ejercicios que se hacen desde las diferentes instancias no son eficaces y la población a la que van dirigidas estas acciones, ya ni les para bolas.

 

Por ello, creo que es necesario una política pública, que conlleve al rescate de la CIVILIDAD en nuestros ciudadanos, y aunque es doloroso decirlo, esta no debe ir dirigida a los adultos, puesto que está visto que las malas costumbres, no son fáciles de revertir en los adultos, sino que debe ser dirigida a los niños y jóvenes, a fin de que esas nuevas generaciones, se conviertan en los mejores ciudadanos que necesitamos.

 

Se puede lograr, solo que se necesita de paciencia, tiempo, dedicación y recursos. En el 2016, a través de programas como Patrulleros Infantiles, Vigías de la Movilidad, Diálogos de la Movilidad y Pactos por la Movilidad, contribuimos al cambio de actitudes en la vía de muchos ciudadanos. Lastimosamente, la crisis financiera, la falta de institucionalización de esos programas, el nulo apoyo de la administración central y el escaso interés de algunos actores no permitió la continuación de esos programas y el esfuerzo se perdió. En el Gobierno del “cambio de chip” sería bueno si se diseñan programas que contribuyan al rescate de la civilidad en nuestra ciudad.

 

 

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