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Tres preguntas

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Jaime Calderón

Por: Jaime Calderón Herrera

 

Desde la Guajira hasta la Patagonia la economía está enferma y con pronóstico reservado como consecuencia de nuestra dependencia de las materias primas, agravada con una muy limitada demanda interna, excepto Brasil.

 

Quienes dependemos en buen grado de los precios del petróleo, hemos sufrido las consecuencias que se reflejan en un preocupante déficit fiscal.

 

A pesar de todo, nuestro PIB se ubica regionalmente entre el tercero y cuarto puesto y las potencialidades derivadas de un sector muy promisorio, necesariamente pegado a la consolidación de la paz, como es el turismo, nos permiten ver un horizonte esperanzador.

 

El gobierno ha timoneado la crisis petrolera con estabilización macroeconómica, pero obligado a recortar el gasto público ha tenido como consecuencia una desaceleración de la economía y un crecimiento menor al necesario para resolver las demandas sociales que crecen a un ritmo más acelerado.

 

La fórmula Keynesiana de mayor gasto como combustible para el crecimiento pareciera no ser viable en el actual marco macroeconómico.

 

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Expertos han advertido que una desaceleración de la economía China sería desastrosa para Suramérica, pues conllevaría una mayor reducción de precios de las materias primas.

 

Desde los tiempos del gobierno Gaviria, nuestro modelo económico no ha cambiado en nada, así los gobiernos sucesivos hayan querido matizarlo con frases diferenciadoras, al estilo de consignas, que para nada lo han modificado en la forma y menos en el fondo.

 

Surgen entonces algunas preguntas.

 

¿Es tiempo de modificar el modelo? Si la respuesta fuera afirmativa.

¿Cuál es la alternativa? Si existiera.

¿Tiene viabilidad política? Los políticos acostumbran formular soluciones sencillas a los problemas complejos, con el único objetivo de ganar elecciones.

 

Nos dicen lo que la mayoría queremos oír y de manera elemental, para que podamos entender, a sabiendas de que sus propuestas no son posibles.

 

No obstante, hay quienes se las creen y si ganan, las aplican con consecuencias desastrosas.

 

Pienso que lo que conviene es consolidar la paz y capacitarnos para los servicios turísticos, pero también en el desarrollo de la bioeconomía, aprovechando lo que la naturaleza nos brinda y que nos empeñamos en ignorar, dañar o desperdiciar.

 

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