
Hoy, 15 de octubre de 2026, al cumplirse 74 añosdel inicio de la construcción del barrio El Parnaso en Barrancabermeja, rendimos homenaje a un rincón entrañable contada su verdadera historia; la del Parque Quince Letras.
Su nombre, lejos de provenir de un trámite burocrático, surgió de la vida cotidiana y del ingenio juvenil de sus habitantes, convirtiendo una simple referencia comercial en el alma e identidad de todo un espacio público
El 15 de octubre de 1952 comenzó la primera etapa de El Parnaso con la construcción de un conjunto piloto de ocho viviendas. La obra estuvo a cargo de la Empresa Colombiana de Petróleos, a través de su Departamento de Ingeniería Civil en El Centro. Al principio, solo se ocuparon las cuatro casas de las esquinas, donde se establecieron las familias Castilla, Bayter, Negle y González. Las cuatro restantes, situadas en el centro del conjunto, permanecieron desocupadas por falta de interesados y terminaron utilizándose como bodegas para almacenar herramientas y maquinaria de la obra.
Desde el diseño urbanístico original, el proyecto contemplaba un área abierta destinada a parque, identificada en los planos con la letra “G”. Aquel espacio estaba concebido como un punto de encuentro para una comunidad que apenas comenzaba a echar raíces.

En 1956, cuando El Parnaso aún tomaba forma, la vida religiosa encontró su primer lugar de reunión en la plazoleta que hoy conocemos como parque Quince Letras. Allí, a cielo abierto, un rústico mesón de concreto servía de altar. En aquella capilla improvisada, los padres Gaviria, Eliseo Álvarez y Víctor Manuel Grillo, S. J., celebraban la eucaristía para los primeros pobladores. A este último se le recuerda también por sus firmes posturas sociales y políticas.

En 1958, tras culminar la primera etapa de 108 casas de una sola planta, Ecopetrol dio paso a la segunda fase del proyecto, conformada por 107 viviendas. Esta estuvo a cargo de la firma Robledo, Drews& Castro, en asociación con los arquitectos Guillermo Bermúdez y Germán Samper. Durante ese periodo se levantaron las primeras casas de dos pisos en el costado occidental del área reservada para el parque. Una de ellas, la primera del bloque V3, ubicada en la esquina de la antigua calle 20A con carrera 19A, fue adjudicada a don Melquiades Mercado Padilla por $26.000. El valor incluía un adicional de $2.000 por contar con un patio esquinero con bodega techada y vista directa al parque.

Ese espacio sería decisivo en la historia del lugar. Su primer arrendatario, el señor Rodrigo Álvarez, abrió allí, en junio de 1959, una miscelánea llamada “Tienda El Parnaso”. Años después, el señor Carlos Chacón asumió la administración del negocio, conservó el nombre y continuó abasteciendo al vecindario con productos básicos.
Después de la administración del señor Chacón, la familia Mercado vendió el local y la vivienda. Desde entonces, la propiedad ha pasado por varias manos, pero la actividad comercial se mantiene en ese mismo punto hasta nuestros días.
Por aquella época, entre los jóvenes del barrio comenzó a difundirse una manera particular de referirse a la tienda: “Quince Letras”. La clave estaba en contar las letras del letrero “Tienda El Parnaso”;seis de “Tienda”, dos de “El” y siete de “Parnaso”. Quince en total, sin contar los espacios. La ocurrencia pasó de una conversación a otra hasta convertirse en una expresión habitual entre los vecinos.

Entretanto, el parque seguía sin un nombre oficial. Algunos residentes de la primera etapa propusieron llamarlo “San José” e impulsaron la instalación de un pedestal con la imagen del santo, con el apoyo del padre Víctor Manuel Grillo, S. J. Sin embargo, la propuesta no logró arraigarse entre todos los vecinos. Con los años, tanto la imagen como el pedestal desaparecieron, y aquella denominación quedó en el recuerdo.
Poco a poco, la comunidad fue trasladando al parque el nombre con el que identificaba a la tienda de la esquina. Así, “Quince Letras” pasó del mostrador a la plazoleta y encontró un lugar en la memoria del barrio. Sin decreto ni ceremonia de bautizo, el nombre se afianzó en las charlas cotidianas y en una frase que bastaba para acordar un encuentro; “Nos vemos en Quince Letras”.
Esta historia invita a preguntarnos;¿quién nombra realmente la ciudad? Las autoridades pueden asignar nombres a los espacios públicos, pero sus habitantes también lo hacen con sus costumbres y su manera de reconocer los lugares. En El Parnaso, la propuesta de “San José” no perduró, mientras que el apodo de una tienda terminó identificando al parque. El uso diario y el afecto de los vecinos le dieron permanencia.
Quince Letras es mucho más que un parque o una referencia para orientarse en El Parnaso. Su nombre guarda el recuerdo de una tienda, de quienes atendieron su mostrador y de las generaciones que han compartido la vida en sus alrededores. Al celebrar estos 74 años del barrio, también honramos esas pequeñas historias que nos unen. Porque cada vez que alguien dice “nos vemos en Quince Letras”, vuelve a darle vida a una memoria que nació sin decreto y sigue en la voz de su gente.
Agradecimientos
A CAVIPETROL, Corporación de Ahorro y Vivienda de los Trabajadores de la Empresa Colombiana de Petróleos (Ecopetrol).
Al señor José Manuel Mercado Ramírez, hijo de don Melquiades Mercado Padilla (q. e. p. d.).
Al arquitecto Braulio Quintero.
Al reverendo padre Jaime Barba Rincón.
Al doctor Juan de Dios Castilla Amell.
Al señor Rafael Bellucci Guzmán y al combo de amigos veteranos de la PRU.





