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Gustavo Bolívar y el error de confundir las luchas progresistas con los dirigentes

Resulta ingenuo, por decir lo menos, caer en la trampa de quienes pretenden utilizar cualquier escándalo para deslegitimar las reformas sociales y abrir nuevamente las puertas a las políticas neoliberales que históricamente han perjudicado a las mayorías populares.

Independientemente de la inocencia o culpabilidad de Verónica Alcocer, ex primera dama de la nación, la amenaza de Gustavo Bolívar de abandonar el Pacto Histórico si aparecen pruebas de su supuesta culpabilidad resume, lamentablemente, lo equivocado de su manera de entender la política.

No hay derecho a que alguien que dice defender las banderas del progresismo confunda las luchas sociales con las actuaciones individuales de los dirigentes políticos y sus familiares. 

La corrupción es un mal que atraviesa buena parte de la clase política colombiana, tanto de izquierda como de derecha. 

Si existen pruebas de un delito, que se investigue y se aplique la justicia. Nadie está por encima de la ley. Pero una cosa es exigir responsabilidades individuales y otra muy distinta es poner en entredicho un proyecto político y social por las acusaciones contra una persona.

Las luchas progresistas están por encima de sus dirigentes, de sus esposas y de sus intereses particulares. 

Son luchas arraigadas en las necesidades de millones de colombianos, de los trabajadores, de las víctimas de la violencia, de quienes padecen las consecuencias del neoliberalismo y de quienes sufren los abusos de un sistema de salud atravesado por profundas desigualdades. 

Son luchas por una sociedad más justa, no un patrimonio personal de quienes circunstancialmente ocupan posiciones de poder.

Resulta ingenuo, por decir lo menos, caer en la trampa de quienes pretenden utilizar cualquier escándalo para deslegitimar las reformas sociales y abrir nuevamente las puertas a las políticas neoliberales que históricamente han perjudicado a las mayorías populares. 

La responsabilidad de un individuo no puede convertirse en la condena de millones de personas que esperan transformaciones reales.

Por eso, con convicción progresista, le decimos a Gustavo Bolívar: 

Váyase del Pacto Histórico si no comprende la dimensión de las luchas que dice representar. No necesita esperar pruebas para anunciar su salida; lo que necesita es entender que el progresismo no es un pedestal para posar de político inmaculado ante los medios.

Las banderas progresistas no pertenecen a ningún dirigente: pertenecen al pueblo. Y quien las utiliza para alimentar su ego, termina haciéndole daño al mismo proyecto que asegura defender.


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