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Barrancabermeja no es un «peladero»: dignidad, historia y una a respuesta a Mario Hernández

La grandeza de Barrancabermeja no depende de la opinión o de los prejuicios de un empresario, sino del carácter de su gente, de su aporte al país y de su permanente voluntad de construir un mejor futuro.

La publicación de Mario Hernández sobre Barrancabermeja resulta lamentable y refleja una actitud poco respetuosa hacia una ciudad que le abrió sus puertas.

Calificarla como un “peladero” no solo constituye una expresión despectiva, sino que desconoce la historia, el esfuerzo y la dignidad de miles de personas que han construido su vida en este territorio.

Si el empresario consideraba que la ciudad tiene deficiencias o aspectos por mejorar, bien pudo expresar sus opiniones mediante críticas constructivas y sugerencias, sin recurrir a calificativos ofensivos que terminan descalificando a toda una comunidad.

Más allá de la polémica, es importante hacer algunas precisiones.

Barrancabermeja es una ciudad intermedia que, como muchas otras en Colombia, posee fortalezas, potencialidades y también profundas dificultades.

Buena parte de esos problemas tienen origen en la corrupción administrativa que durante años ha afectado su desarrollo.

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En especial, las disputas políticas entre los últimos dos alcaldes municipales han dejado consecuencias negativas para la ciudad.

Mientras estos dos personajes han privilegiado sus intereses personales y sus proyectos políticos, Barrancabermeja ha visto aplazadas obras estratégicas, oportunidades de desarrollo y soluciones a necesidades históricas de la población.

Existe un problema estructural que trasciende lo local

Un modelo económico centralista que concentra las inversiones y las oportunidades en unas pocas ciudades, dejando rezagadas a regiones que históricamente han aportado de manera decisiva al crecimiento del país.

Resulta llamativo que Mario Hernández, defensor de ese modelo, compare a Barrancabermeja con Barranquilla y reduzca el desarrollo urbano a la existencia de algunos proyectos de infraestructura o espacios turísticos.

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Sin desconocer la importancia de estas obras, ellas por sí solas no resuelven los problemas de desigualdad, pobreza, desempleo o inseguridad que también enfrentan las grandes ciudades colombianas.

Tomar a Barranquilla como único referente de éxito urbano ignora que ninguna ciudad está exenta de enormes desafíos sociales.

La discusión no debería limitarse a la apariencia de las ciudades, sino a la calidad de vida de sus habitantes, las oportunidades económicas, el acceso a servicios públicos, la educación y la reducción de las brechas sociales.

El verdadero desarrollo debe medirse por el bienestar de las personas y no únicamente por las obras visibles.

De igual manera, resulta oportunista que algunos actores políticos que hoy se muestran indignados pretendan sacar provecho de la controversia.

Ex funcionarios, congresistas, ex alcaldes y otros dirigentes que tuvieron la responsabilidad de gobernar o de representar a Barrancabermeja no pueden presentarse ahora como sus principales defensores cuando muchos de ellos también son señalados por su falta de resultados o por haber contribuido a los problemas que hoy enfrenta la ciudad.

La defensa de Barrancabermeja no puede convertirse en un escenario de protagonismo político para quienes, teniendo la oportunidad de impulsar su desarrollo, privilegiaron intereses particulares.

Barrancabermeja está muy lejos de ser un “peladero”.

Es una ciudad construida por familias trabajadoras, por hombres y mujeres que cada día aportan con esfuerzo al desarrollo económico de Colombia, especialmente desde el sector energético.

Es una tierra de historia, de lucha social, de resistencia y de solidaridad. Sus habitantes han enfrentado enormes desafíos y, aun así, han demostrado una extraordinaria capacidad para salir adelante.

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La grandeza de Barrancabermeja no depende de la opinión o de los prejuicios de un empresario, sino del carácter de su gente, de su aporte al país y de su permanente voluntad de construir un mejor futuro.

Quienes la descalifican desconocen que detrás de sus calles, de sus dificultades y de sus desafíos existe una comunidad orgullosa de su historia, comprometida con su presente y decidida a seguir levantándose una y otra vez.


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