
Nuestra solidaridad debe estar con las verdaderas víctimas del fascismo: aquellas personas que no cuentan con el respaldo de las élites bogotanas, que no tienen recursos para defenderse y que hoy enfrentan las consecuencias de un proyecto político autoritario.
La situación de Vladdo, según se ha informado, vuelve a poner sobre la mesa una pregunta fundamental:
¿Qué significa defender la libertad de expresión cuando quien la ejerce resulta incómodo para el poder?
Durante el gobierno de Gustavo Petro, Vladdo publicó caricaturas duras en las que lo llamó mesías, emperador e incomprendido. Petro podía ser criticado, satirizado y cuestionado, y esas libertades no desaparecieron. Sin embargo, Vladdo sostuvo que aquel gobierno era una dictadura.
Hoy, frente a su salida de RCN, la contradicción resulta inevitable.
Si un periodista es apartado después de cuestionar al poder, ¿por qué quienes antes denunciaban una supuesta dictadura guardan silencio ante esta decisión?
La defensa de la democracia no puede depender de simpatías personales ni de conveniencias políticas.
Vladdo votó en blanco porque consideraba equivalentes al petrismo y a Abelardo de la Espriella.
Esa posición merece ser discutida. No porque votar en blanco sea ilegítimo, sino porque las decisiones políticas tienen consecuencias. Cuando se equiparan proyectos profundamente distintos, se corre el riesgo de desmovilizar a quienes deberían actuar para impedir que el autoritarismo avance.
La función del periodismo es informar, investigar y cuestionar al poder, incluso cuando eso incomode.
Si deja de incomodar, corre el riesgo de convertirse en propaganda. Por eso, la defensa de Vladdo no debería ser una defensa de sus opiniones, sino de su derecho a expresarlas sin represalias.
Pero también es necesario preguntarnos por las víctimas que no tienen micrófono, abogados ni respaldo institucional. Nuestra solidaridad debe comenzar por ellas.
Debe alcanzar a los periodistas perseguidos, a los ciudadanos silenciados y a quienes enfrentan un poder que ya no tolera la crítica.
El fascismo no llega solamente por quienes lo promueven.
También puede avanzar cuando quienes dicen defender la democracia relativizan sus peligros, confunden la neutralidad con la responsabilidad y se niegan a reconocer las consecuencias de sus decisiones.
Por eso, cuidémonos entre demócratas. La libertad de expresión no puede ser una bandera para unos y una concesión para otros.





