Inicio Benito Guerra ¿Y dónde estaba el clarinete? – Por: Benito Guerra Fuentes

¿Y dónde estaba el clarinete? – Por: Benito Guerra Fuentes

La odisea del instrumento que dio vida a La Pollera Colorá. Varios de los hombres que tuvieron bajo su responsabilidad el clarinete fallecieron con el paso de los años, el exalcalde Edgard Cote Gravino en un accidente aéreo; Edgar Arturo Esparragoza, presidente de la AMP; el abogado José Meza y José Rohenes Acosta.

La odisea del instrumento que dio vida a La Pollera Colorá. En el año 2002, durante el X Festival de Bandas Folclóricas de Barrancabermeja, los maestros Juan Bautista Madera Castro y Wilson Choperena Mugno fueron invitados para recibir un merecido homenaje. Choperena se excusó, pero Madera Castro asistió y, en medio del fervor del acto, dejó escapar un deseo íntimo, al morir, quería que sus cenizas fueran divididas para reposar entre Barrancabermeja y su natal Sincé.

Aquella confesión caló hondo en uno de los asistentes, el arquitecto Edgard Cote Gravino, entonces candidato a la Alcaldía y habitual de estos encuentros culturales. Allí germinó la promesa de rendir un tributo formal a los artífices de nuestra música popular si llegaba al cargo. La palabra se cumplió en 2007. Ya como alcalde, y en el marco del 80.º aniversario del municipio, Cote Gravino inauguró el Paseo de la Cultura. En dicho espacio se erigió un monumento a «Soledad», la figura emblemática de La Pollera Colorá.

A la ceremonia, celebrada el 7 de diciembre a las 7:00 p. m., asistió puntualmente el maestro Madera. En ese escenario fue declarado hijo adoptivo de Barrancabermeja, sellando un vínculo indisoluble con la ciudad donde nació la inspiración de su obra más célebre. Pero el gesto de mayor desprendimiento estaba por venir.

Fotografía suministrada por familia Guerra Rangel

Ese día, Madera Castro entregó dos piezas de incalculable valor simbólico; un retrato suyo y el clarinete original con el que se interpretó y grabó La Pollera Colorá en Barranquilla. Su voluntad era clara; que ambos objetos fueran exhibidos con dignidad en un museo, una universidad o una casa de la cultura. Sin embargo, la ciudad no estaba preparada para recibirlos. Ante la falta de un espacio idóneo y el temor de que se extraviaran en la burocracia de las dependencias oficiales, el alcalde confió la custodia del instrumento a la Asociación Música Popular (AMP), entonces presidida por Edgar Arturo Esparragoza Torres.

Fotografía acta, suministrada por AMP

En un gesto de gratitud, la Asociación obsequió al maestro un clarinete nuevo como compensación por la entrega de la reliquia. Según recuerda Betty Saavedra, integrante de la junta directiva de la AMP, la custodia recayó en su propio hogar; se decidió colectivamente que, ante la inestabilidad de residencia del presidente de la asociación, el instrumento estaría más seguro bajo un techo permanente y manos firmes.

No obstante, la historia del clarinete pronto empezó a desdibujarse entre la informalidad y el olvido institucional. En 2016, bajo la administración de Darío Echeverri Serrano, el secretario José Meza solicitó verbalmente la devolución del instrumento. La entrega se hizo de forma precaria, sin actas, sin registros y sin memoria escrita. Se alegó que sería exhibido en un festival organizado por una entidad privada.

A partir de allí, el clarinete se convirtió en un viajero solitario. Entre 2008 y 2012 deambuló entre miembros de la Asociación y luego fue llevado a Medellín para el cumpleaños 90 del maestro. Al ver su legado ir y venir sin control ni custodia oficial, Madera Castro expresó su inconformidad y, junto a su familia, solicitó formalmente la devolución de la pieza.

Pese al reclamo, el instrumento siguió un rumbo errático. Aunque el alcalde Echeverri prometió en el diario El Heraldo devolverlo en julio de 2018, la promesa quedó suspendida tras su salida del cargo. En septiembre de ese mismo año, el maestro regresó a Barrancabermeja e intentó visitar al mandatario en su residencia para recuperar su pertenencia, pero la puerta nunca se abrió.

Un recorrido marcado por la sombra

Existe, además, un hilo trágico que atraviesa este relato. Varios de los hombres que tuvieron bajo su responsabilidad el clarinete fallecieron con el paso de los años, el exalcalde Edgard Cote Gravino en un accidente aéreo; Edgar Arturo Esparragoza, presidente de la AMP; el abogado José Meza y José Rohenes Acosta.

¿Casualidad o destino? Nadie tiene la respuesta.

Quizás este historial sombrío hizo reflexionar a Darío Echeverri, quien finalmente decidió concretar la entrega. El 20 de julio de 2022, durante un homenaje en Sincé, el clarinete regresó, por fin, a las manos de su dueño.

El instrumento volvió, pero la pregunta persiste como una nota discordante en la memoria, ¿dónde estuvo realmente todo ese tiempo?

El regreso del clarinete a las manos del maestro Madera no borra la mancha de su extravío, pero sí nos deja una lección pendiente. Un símbolo de tal magnitud no merecía el anonimato de un clóset ni la informalidad de un acuerdo verbal; merecía el respeto que se le debe a la identidad de un pueblo. Hoy, el instrumento descansa, pero nuestra memoria colectiva sigue en deuda.

Solo cuando Barrancabermeja sea capaz de ofrecer un hogar digno y seguro para este legado, podremos decir que hemos honrado, finalmente, la voluntad de un hombre que nos regaló el alma de la música de la emblemática canción que identifica a Colombia ante el mundo.“La Pollera Colorá”


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